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Armstrong: Es la política, no la religión, lo que motiva el yihadismo
09 - 06 - 2017 - INTERRELIGIOSO - Musulmanes

«Es erróneo atribuir a causas religiosas» el terrorismo islamista. Esta es una de las tesis que defiende la británica Karen Armstrong, flamante Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales, en su último y más conocido libro en España, Campos de Sangre (Paidós). (Ricardo Benjumea-Alfa y Omega)

Su investigación sobre la religión de Mahoma se intensificó tras los atentados del 11S. «Bin Laden fue siempre muy claro sobre los agravios políticos que le motivaban: Palestina, la injerencia occidental en Oriente Próximo, su oposición al régimen saudí»…, afirma. Un grupo de psiquiatras entrevistó a unas 500 personas involucradas en la trama del 11S en la prisión de Guantánamo «y se encontraron con que solo el 20 % de los detenidos había tenido una formación musulmana consistente. El resto eran nuevos conversos o incluso autodidactas. Jóvenes que habían dejado el Reino Unido para luchar en otros países poco antes habían pedido en Amazon un libro titulado Islam para idiotas [Islam for dummies], lo que da una idea de hasta dónde llegaba su compromiso religioso».

Más argumentos: la empresa demoscópica Gallup «realizó una gran encuesta después de los atentados en 35 países musulmanes, el mayor sondeo que Gallup ha hecho jamás. El 95 % de los encuestados condenó los ataques citando el Corán, que dice que matar a una sola persona equivale a matar a toda la humanidad. Por el contrario, los que sí apoyaban los atentados aportaron motivaciones de tipo político».

«Alá no tiene nada que ver», apostilla. «Necesitamos conocer estas cosas para tener una visión equilibrada de lo que está ocurriendo. Pero este tipo de noticias no se difunden en la prensa occidental».

¿Qué pasa con todo lo que ha venido después del 11S? El auge del Daesh, la radicalización de jóvenes musulmanes en Europa…, ¿tampoco tienen que ver con la religión?

El islam insiste mucho en que la guerra solo puede ser de autodefensa. El Daesh es un ejemplo de religiosidad pervertida. La mayoría de sus líderes son antiguos generales del Ejército desmantelado de Sadam Hussein; es decir, son secularistas y socialistas. Un francés, que fue rehén del Estados Islámico durante diez meses, contó que sus captores nunca hablaban de religión. Cuando los rehenes pidieron una copia del Corán, resultó que nadie tenía una. Algo similar ha contado un periodista de la revista Foreign Policy que mantuvo largas conversaciones durante tres días con miembros del Daesh en Amán (Jordania). Describe un discurso completamente político. Sus interlocutores ni siquiera atendían a las llamadas a la oración musulmana. La mayoría de miembros del Daesh, como reconoció recientemente un portavoz de la organización a la BBC, no se sienten tan atraídos a ideas religiosas, como a una visión política alternativa a los estados autocráticos en Oriente Próximo, muchos de los cuales están siendo agresivamente sostenidos por Occidente.

¿Qué explica el comportamiento de un joven que de golpe se radicaliza?

Creo que hay un problema de ausencia de sentido. Los psiquiatras de Guantánamo concluyeron que la principal motivación de los terroristas fue la futilidad y la ausencia de sentido en sus vidas. Es algo que se comprueba especialmente en los atentados de lobos solitarios en Occidente, provocados por la sensación de no ser aceptados por la sociedad. Y hay otro factor que no estamos afrontando suficientemente: el Estado ha perdido el monopolio de la violencia. Hace 400 años, mis antepasados irlandeses eran maltratados por los británicos, y si hubieran tenido armas para luchar, lo hubieran hecho. Pero no las tenían. La gente que se siente oprimida puede cometer hoy atrocidades gracias a la facilidad de comunicaciones y a la disponibilidad de armas. El terrorista del atentado de hace unos días en Mánchester fue capaz de fabricar una bomba con instrucciones obtenidas en internet.

Ricardo Benjumea
«Siempre he sido católica de corazón»
Karen Armstrong tenía 17 años cuando, en 1962, ingresó en un convento católico. Lo abandonó siete años más tarde, renegando de la religión, pero una serie de carambolas volverían a encauzar su vida por ese camino. Se convirtió en autora de referencia mundial sobre el hecho religioso, con más de 20 títulos publicados y distinciones como la de oficial de la Orden del Imperio Británico, el Premio TED o The Freedom of Workship de la Fundación Roosevelt.

Rodó un programa para Channel 4 sobre san Pablo en Jerusalén, lo que le permitió entrar en contacto con el islam y el judaísmo. Estas dos religiones le fascinaron, y de paso le hicieron «descubrir nuevos aspectos» en su tradición católica. Aprendió a mirar la religión con nuevos ojos. Lo decisivo para ella de la fe dejó de ser «aceptar verdades», como si Dios fuera «un hecho físico» al que podemos acceder con «la razón empírica». Lo esencial de la religión pasó a ser su «capacidad de despojar al creyente del egoísmo como vía para ascender a lo divino». El problema –cree– es que «muchas personas quieren una religión para hacerles sentir mejor y autoafirmarse, y eso no funciona». Así, la religión ha perdido capacidad de generar «sentido» para el hombre moderno, y muchos han acudido a sucedáneos como «el repliegue nacionalista agresivo que vemos en el brexit o en el discurso de Donald Trump».

La compasión es un concepto clave para Armstrong, el punto de encuentro al que convoca a las distintas tradiciones religiosas a la construcción de la paz. Eso no significa pretender igualarlas a todas, matiza. «Todas son maravillosamente diferentes», dice. «Cada una tiene su genio particular y sus fallos».

Sus postulados le han enfrentado a Karen Armstrong con los nuevos ateos como Richard Dawkins, pero también a importantes sectores del catolicismo británico, que no han entendido algunas de sus posiciones aperturistas, en contraste –asegura– con la buena acogida que siempre ha encontrado en el catolicismo de EE. UU.

Karen Armstrong se confiesa hoy «entusiasmada» con el Papa Francisco, «uno de los pocos líderes que en estos momentos entiende realmente lo que está pasando en el mundo». Niega, sin embargo, que Bergoglio le haya reconciliado con la fe, ya que ella en ningún momento dejó de ser «una católica de corazón». «Yo nunca podría ser protestante», apostilla. «Incluso del convento conservo muy buenas memorias, particularmente de la liturgia, del latín, el gregoriano…».
 


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