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Los (casi) 50 aƱos del Pontificio Consejo Justicia y Paz
26 - 01 - 2017 - VATICANO - Organismos

Instituido por el beato Pablo VI, el dicasterio deja una herencia muy importante para la vida de la Iglesia post-conciliar. Las críticas y oposiciones de estos años. El Papa Francisco, creó un nuevo dicasterio fundamental para la Iglesia y dedicado al Servicio del Desarrollo Humano Integral el cual absorbe a Justicia y Paz. El 6 de enero habría cumplido 50 años de existencia.(Vatican Insider)

El histórico e importante Pontificio Consejo para la Justicia y para la Paz, instituido por el beato Pablo VI el 6 de enero de 1967 no pudo celebrar sus 50 años por 6 días. El primero de enero pasado este noble órgano de la Santa Sede, en no pocas ocasiones criticado y obstaculizado por algunos ambientes católicos, dejó de existir porque sus funciones y tareas fueron integradas en la reforma impulsada por Papa Francisco, que creó un nuevo dicasterio fundamental para la Iglesia y dedicado al Servicio del Desarrollo Humano Integral. En el “motu proprio” del Papa se lee: «En el nuevo Dicasterio, regido por el Estatuto que con fecha de hoy apruebo ad experimentum, confluirán, desde el 1 de enero de 2017, las competencias de los actuales Consejos Pontificios que se indican a continuación: el Consejo Pontificio Justicia y Paz, el Consejo Pontificio “Cor unum”, el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud. En esa fecha, estos cuatro Dicasterios cesarán en sus funciones y serán suprimidos, quedando abrogados los artículos 142-153 de la Constitución apostólica Pastor Bonus» (Humanam progressionem - 17 de agosto de 2016).

Prestigio y autoridad

El Pontificio Consejo para la Justicia y para la Paz, que antes se llamaba Pontificia Comisión “Ivstitia et Pax”, fue instituido con el “motu proprio” de Pablo VI “Catholicam Christi Ecclesiam”. En un segundo momento, con Papa san Juan Pablo II, el 28 de junio de 1988, se convirtió en un Pontificio Consejo y cambió su denominación. Desde el primer día este dicasterio ha sido encomendado, por parte de los Pontífices, a personalidades de la Iglesia de gran prestigio y autoridad. El primero fue el cardenal Maurice Roy (del 6 de enero de 1967 al 16 de diciembre de 1976). Después siguieron el cardenal Bernardin Gantin (del 16 de diciembre de 1976 al 8 de abril de 1984), el cardenal Roger Etchegaray (del 8 de abril de 1984 al 24 de junio de 1998); el cardenal François-Xavier Nguyên Van Thuán (del 24 de junio de 1998 al 16 de septiembre de 2002); el cardenal Renato Raffaele Martino (del primero de octubre de 2002 al 24 de octubre de 2009) y el cardinale Peter Kodwo Appiah Turkson (del 24 de octubre de 2009 al 31 de diciembre de 2016). Ahora, como se sabe, el cardenal Turkson es el Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Durante cincuenta años, este Consejo ha tenido un papel fundamental al servicio de los Papas, de la diplomacia de la Santa Sede, de los Episcopados nacionales y para las comunidades eclesiales desperdigadas por el mundo, por lo que se convirtió casi inmediatamente (y siguió siendo durante toda su existencia) en un punto de referencia indispensable para el diálogo de la Iglesia con el mundo. Entre otras cosas, todo lo que deseaban los Padres conciliares que expresaron en la “Gaudium et Spes” la esperanza de la creación de un organismo de la Iglesia universal que debía tener como objetivo «estimular a la comunidad de los católicos en la promoción del desarrollo de las regiones necesitadas y de la justicia social entre las naciones» (n. 90).

Un aporte constante y de calidad

En medio siglo de vida, el trabajo del Consejo, sus investigaciones e informes, siempre a tiempo, atentos y rigurosos, han ofrecido directrices y líneas guía a toda la Iglesia para afrontar los desafíos sociales, ambientales, culturales y políticas que han caracterizado estas décadas en diferentes partes del mundo. Con el paso de los años, el Consejo se convirtió también en una sonda para explorar, indagar y prever cuestiones emergentes y de gran importancia para el magisterio pontificio.

No es ninguna casualidad que, desde Pablo Vi hasta Papa Francisco, todos los Papas hayan tenido especial atención por este dicasterio, por el nombramiento de sus responsables y a la hora de escuchar sus propuestas y documentos. Bastaría recordar que buena parte de los Mensajes pontificios para la Jornada Mundial de la Paz del primero de enero de cada año han sido encomendados a este ente que, entre otras cosas, siempre ha demostrado una excelente capacidad para coordinar las contribuciones de expertos de altísimo nivel en diferentes ámbitos del saber científico y tecnológico, y en el ámbito de una materia específica muy importante para el catolicismo: la Doctrina social de la Iglesia, terreno en el que a menudo el dicasterio ha destacado por haber alcanzado resultados muy importantes.

De podría decir que durante cincuenta años Justicia y Paz ha desempeñado un papel completamente singular: ser, de alguna manera, el centro en el que se reúnen, leen, interpretan y reelaboran las grandes cuestiones socio-económicas, político-culturales y antropológicas; todas ellas parte de la dimensión sociológica del magisterio pontificio. El trabajo del Consejo a menudo ha sabido ofrecer principios y líneas guía para orientar a las comunidades eclesiales del mundo frente a cuestiones como el hambre, las desigualdades sociales, la guerra, la justicia social, la deuda del Tercer mundo, los desafíos de la globalización, además de análisis, estudios, propuestas sobre el sistema financiero internacional, la reforma agraria, el derecho humanitario, el desarme integral… La lista de los temas afrontados por el dicasterio es medio siglo de vida podría seguir confirmando su importancia en el pensamiento y en la acción de la Iglesia del Concilio Vaticano a nuestros días.