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Parolin a los nuncios: con China no hay ningún fracaso
26 - 09 - 2016 - VATICANO - Organismos

En el nombramiento de los futuros obispos será la conferencia episcopal china la que proponga los candidatos, pero siempre que formen parte de él también los treinta obispos "clandestinos" que Pekín todavía no reconoce, y que sean removidos los obispos que no cuentan con la aprobación del Papa 

 A mediados de setiembre el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, tuvo un encuentro con todos los nuncios apostólicos congregados en Roma para celebrar el jubileo.

Y durante este encuentro, como también en otros coloquios informales, interrogado sobre el estado de las negociaciones con China, les dio algunas informaciones de gran interés.

Ha confirmado que la negociación en curso se refiere únicamente a la cuestión del nombramiento de los obispos, no se plantea todavía el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, y la discusión entre las dos partes se lleva a cabo actualmente entre grados similares de nivel medio: por la Santa Sede, el subsecretario para las Relaciones con los Estados, Antoine Camilleri, y el subsecretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Tadeusz Wojda.

A juicio de Parolin, se valora el hecho que por primera vez desde el advenimiento del comunismo China aceptó que la Santa Sede pueda tener un rol en el nombramiento de los obispos.

Desde cuando está en el poder, en efecto, el partido comunista chino quiso dotarse de una Iglesia sometida a él y separada de Roma, con obispos nombrados exclusivamente por el partido, ordenados sin la aprobación del Papa, circunscritos a una "Asociación Patriótica de los católicos chinos" que Benedicto XVI definió como "inconciliable" con la doctrina católica.

Una Iglesia "oficial", entonces, en el límite del cisma. Entrelazada con una Iglesia "clandestina" dirigida por obispos no reconocidos por Pekín y muy fieles al Papa, pero que pagan todos los precios de la clandestinidad: hostigamientos, allanamientos, detenciones, secuestros.

Sobre un poco más de un centenar de obispos hoy activos en China – de los cuales el Anuario Pontificio no da los nombres – los "clandestinos" son treinta.

Los obispos "oficiales" que han sido ordenados ilegítimamente pero que después se han reconciliado más o menos con Roma, o que han sido ordenados con el reconocimiento paralelo de Roma y de Pekín, son alrededor de setenta.

Y ocho son los más vinculados al régimen, que para la Santa Sede no sólo son ilegítimos, sino que también están excomulgados.

Una prueba de esta situación intrincada se la tuvo al comienzo de este mes de setiembre, cuando a la edad de 88 años falleció Vincent Zhu Weifang, obispo de Wenzhou, la ciudad que fue noticia recientemente por las cruces que fueron abatidas por entusiastas funcionarios comunistas.

La diócesis de Wenzhou tiene una historia de fuertes divisiones entre las dos comunidades católicas. Se calcula que hay casi 100 mil fieles en la comunidad "oficial" y 50 mil en la comunidad "clandestina". Los sacerdotes están equitativamente distribuidos entre las dos ramas y en total son casi cincuenta.

Ordenado obispo en el año 2009 luego de veinte años de prisión y de trabajos forzados, Zhu obtuvo en el 2010 el reconocimiento gubernamental. Pero Roma le puso como coadjutor con derecho a sucesión a un obispo "clandestino": Peter Shao Zhumin.

Ahora bien, para impedir que éste se ponga al frente de la diócesis, las autoridades comunistas lo han secuestrado, junto a tres de sus sacerdotes, impidiéndole celebrar los funerales de su predecesor. Y a su vez han promovido como jefe de los sacerdotes "oficiales" a un discípulo suyo, Ma Xianshi, como para señalar en él al nuevo obispo que le agradaría al régimen.

Es en este contexto que en el pasado mes de agosto el cardenal John Tong, obispo de Hong Kong, anticipó los términos del acuerdo que veía perfilarse entre Roma y Pekín respecto al nombramiento de los obispos:

> Card. Tong: Communion of the Church in China with the Universal Church

Desencadenando las iras de su anciano pero siempre combativo predecesor en Hong Kong, el cardenal Joseph Zen Zekiun, contra lo que juzgaba como una intolerable concesión del Vaticano:

> Card. Zen: My concerns over China-Holy See dialogue and repercussions on Chinese Church

El acuerdo conceder? a las autoridades de Pek? la potestad de elegir y proponer cada obispo nuevo, mientras que Roma tendría la facultad de vetar a los candidatos que no sean de su agrado.

Formalmente, quien propondría cada obispo nuevo sería la Conferencia Episcopal China. Sólo que esta Conferencia es una creatura del partido comunista, totalmente a las órdenes del régimen, carente de los obispos "clandestinos" y con un presidente que es uno de los ocho excomulgados.

Aun cuando sea aprobado por Roma, entonces, el temor es que cada nuevo obispo deba de todos modos someterse al control férreo y a las imposiciones de las autoridades comunistas.

"Temor y temblor" por la Iglesia son justamente las palabras que el mismo Parolin utilizó el 27 de agosto respecto a las "esperanzas y expectativas por los nuevos desarrollos en las relaciones entre la Sede Apostólica y China", en una conferencia sobre un gran diplomático del siglo XX en tierra china: el cardenal Celso Constantini:

"Considero importante subrayar con fuerza este concepto: las esperadas relaciones nuevas y buenas con China – incluidas las relaciones diplomáticas, ¡si Dios así lo quiere! – no son un fin en sí mismas ni tampoco un deseo de lograr quien sabe algunos éxitos mundanos, sino que son pensadas y perseguidas – no sin temor y temblor porque aquí se trata de la Iglesia, que es cosa de Dios – sólo en cuanto son funcionales al bien de los católicos chinos, al bien de todo el pueblo chino y a la armonía de toda la sociedad, a favor de la paz mundial".

A los nuncios reunidos en Roma, el cardenal secretario de Estado les aseguró que corresponderá al Papa el juicio de idoneidad de cada nuevo candidato a obispo.

Confirmó que corresponderá al Papa el nombramiento.

En consecuencia, también confirmó implícitamente que serán las autoridades chinas las que elijan y propongan el candidato, a través de la Conferencia Episcopal [China].

Pero precisamente a causa de esto, dijo que previamente al acuerdo se deberán resolver un par de cuestiones claves.

La primera se refiere a los treinta obispos "clandestinos", los cuales deberán ser reconocidos por el gobierno e integrados a la Conferencia Episcopal.

La segunda se refiere al destino de los ocho obispos "oficiales" excomulgados. Dijo que éstos últimos han pedido la absolución a Roma. Pero para merecerla deberán realizar actos creíbles de fidelidad incondicional al Papa y a la Iglesia.

Sobre dos de ellos, además, pende la acusación de tener hijos y amantes. Si se prueba esto, habrá sanciones canónicas.

No es fácil entonces que llegue rápidamente para los ocho ese "perdón" jubilar generalizado que el papa Francisco habría hecho presagiar.

Y es todavía más difícil prever cómo se comportarían las autoridades de Pekín si alguno de los ocho siguiera excomulgado o fuese objeto de sanciones canónicas.

Del mismo modo, no se sabe cuán dispuesta está China a reconocer oficialmente a los obispos "clandestinos".

En síntesis, el acuerdo, si bien está subordinado "al bien de la Iglesia, que es cosa de Dios", es verosímilmente mucho más complicado y borroso de lo que muchos esperan o temen.

Y la reciente publicación del nuevo borrador del reglamento de las actividades religiosas en China no permite esperar nada bueno. Parece todavía más punitivo que el anterior, respecto a las "actividades religiosas ilegales" y "que dependen del extranjero". Un duro golpe para la Iglesia Católica "clandestina":

> Beijing issues new, harsh draft regulations on religious activities

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Una de las críticas que el cardenal Zen dirige a las autoridades vaticanas es que repite con China la "fracasada" Ostpolitik perseguida por Agostino Casaroli en los años de la guerra fría con los países comunistas de Europa oriental.

Respecto a ella, he aquí lo que dijo Joseph Ratzinger en su libro-entrevista que salió a la venta a comienzos de setiembre:

"Era claro que la política de Casaroli, aun cuando llevada a cabo con las mejores intenciones, había fracasado. La nueva línea perseguida por Juan Pablo II fue fruto de su experiencia personal, del contacto con esos poderes. Naturalmente, en ese momento no se podía esperar que ese régimen se derrumbaría pronto, pero era evidente que, en vez de ser conciliadores y aceptar compromisos, era necesario oponerse con fuerza. Ésta fue la visión de fondo de Juan Pablo II y que yo compartía".

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Traducción en español de José Arturo Quarracino(CHIESA)