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Refugiados: Parolín enrostra a las grandes potencias
23 - 09 - 2016 - VATICANO - Organismos

«Las guerras como en Siria y Libia, que han aumentado la crisis de los prófugos y refugiados, no encuentran solución porque están en juego demasiados intereses divergentes, empezando por los de Rusia y Estados Unidos». El Secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, va a la raíz del problema al hablar de las emergencias que están generando una inestabilidad global. 

El cardenal, que en estos días se encuentra en Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU, añade: «Italia tiene absolutamente razón al pedir que Europa haga más en relación con la cuestión de los migrantes».

La primera visita que Papa Francisco hizo después de su elección fue a Lampedusa. Han pasado tres años: ¿porqué sigue sin solución la crisis de los migrantes?

No se ha resuelto y, escuchando lo que se dice aquí en la ONU, seguirá sin solución durante muchos años. Es un fenómeno que tendrá una duración bastante larga, no es concebible que se resuelva por sí misma. Este es el valor de la cumbre que hubo en el Palacio de Vidrio sobre los migrantes, porque la comunidad internacional ha cobrado conciencia sobre la necesidad e una intervención seria y organizada.

El Primer Ministro italiano, Renzi, se ha quejado porque Europa no hace lo suficiente para afrontar esta crisis. ¿Tiene razón?

Italia tiene absolutamente razón. Tiene esta política de apertura y acogida, debemos reconocerle la voluntad de abrir las puertas a las personas en condiciones de grave necesidad, pero se trata de un fenómeno del que no puede ocuparse un solo país. Aquí también hemos escuchado varias invitaciones a no dejar solos a los Estados más afectados directamente por el fenómeno. Uno de los puntos en los que la Santa Sede ha insistido varias veces es justamente que el enfoque debe ser común. Solo mediante políticas elaboradas y aplicadas en común se puede intentar dar una respuesta válida. El problema es siempre la voluntad política. La vía es bastante clara: una solución común, acordada, que tenga presente las necesidades de quienes migran y también a los países de origen para afrontar las causas de fondo. Pero hay que hacerlo.

Una de las causas de fondo más grave son las guerras, en Siria y Libia. ¿Cómo detenerlas?

Este es el gran problema de hoy. Los prófugos y refugiados han aumentado considerablemente debido a los conflictos; basta recordar los casos de Siria y Libia. Se está tratando de encontrar soluciones, pero es difícil identificarlas, sobre todo cuando están en juego intereses divergentes. Se puede y se debe hacer mucho más.

¿Se refiere a Rusia y Estados Unidos?

Evidentemente sí. Y después hay varios niveles, internacional, regional, local, que crean una amalgama de intereses. Hay que lograr estabilizar estos países e impulsarlos, incluso mediante un desarrollo económico que permita resolver la raíz del problema de las migraciones provocadas por la necesidad.

¿Esto también vale para Libia?

Claro. Ningún país puede salir solo de situaciones semejantes, se requiere la solidaridad internacional.

En los Estados Unidos se está llevando a cabo la campaña electoral y uno de los candidatos, Donald Trump, quiere construir un muro a lo largo de la frontera con México para frenar a los migrantes. ¿Es una solución plausible?

Nosotros estamos convencidos de que la política de los muros no resuelve los problemas. Es más, los agrava. El Papa siempre ha llamado a construir puentes. Claro, puede ser una solución más difícil, que exige un mayor compromiso de todos, pero es la única que puede funcionar. La política del encuentro, de la integración y de la solidaridad.

Un aspecto que a veces se olvida es que las víctimas de estas violencias en muchas ocasiones son los cristianos. ¿Por qué se han vuelto objetivos y qué se necesita para que la comunidad internacional los proteja?

Hay que lograr vivir respetándose y aceptándose recíprocamente. Desgraciadamente, hoy asistimos al renacer de los extremismos y de los radicalismos. El radicalismo se caracteriza justamente por la cerrazón frente a quienes no “son de los nuestros”, frente a quienes “no piensan como nosotros”. Para afrontar y resolver este problema, hay que hacer un gran trabajo, empezando desde la educación de las nuevas generaciones, para que tengan una actitud de respeto. Uso la palabra respeto porque también se discutió hoy en la ONU sobre la tolerancia, y se indicó que no era el término que hay que adoptar. Por el contrario, se necesita respeto recíproco, cada uno debe ser aceptado por lo que es, y juntos podemos construir algo bueno y mejor.(VATICAN INSIDER) 


domingo 25 de

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