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China - Vaticano : el deshielo que se viene
27 - 02 - 2016 - CULTURA - PolĂ­tica

El «Global Times» , órgano en línea semi oficial del Partido comunista chino, afirma que entre el Pontífice y el Presidente Xi Jinping «crece la esperanza del deshielo» en las relaciones chino-vaticanas. Y cita a un cardenal estadounidense, convencido de que «las afinidades entre el Papa y Xi pueden transformarse en un don precioso para el mundo»

Entre China y el Vaticano, después de «décadas de relaciones congeladas», muchas señales en sintonía parecen atestiguar «un lento pero significativo cambio de relaciones». Todavía existen divergencias, pero «expertos y líderes religiosos ven un progreso en el tono general del diálogo». Un artículo «de línea» publicado con gran espacio en el «Global Times» (periódico digital en inglés considerado órgano semi oficial del Partido comunista chino) registra el cambio de marcha en las relaciones entre Pekín y los Palacios vaticanos, además de descifrar sus orígenes e implicaciones. Un texto inspirado y que en un momento lleno de expectativas sobre los posibles desarrollos del «dossier» China-Vaticano tiene el valor de representar una señal elocuente desde su título: «Bajo Papa Francisco y el Presidente Xi crece la esperanza de un deshielo en las relaciones». Como ilustración hay un fotomontaje en el que aparecen juntas la cúpula de San Pedro y la puerta de entrada de la Ciudad Prohibida.

Las noticias y los argumentos expuestos en el artículo ayudan a descifrar la disposición actual de los aparatos chinos en relación con las negociaciones con la Santa Sede y la Iglesia católica. El cambio, desde el título, es atribuido a la nueva estación que comenzó con la llegada, casi simultánea, de Papa Francisco a la Cátedra de Pedro y del Presidente Xi Jinping al gobierno del ex Celeste Imperio. Una confirmación autorizada de la nueva fase de las relaciones se atribuye a las declaraciones del cardenal Pietro Parolin, que en octubre de 2015 confirmó que poco tiempo antes una delegación vaticana se había dirigido a Pekín para trabajar en la normalización de las relaciones. El «Global Times» no se limita a recordar las palabras del Secretario de Estado vaticano, sino que añade que desde finales de enero los contactos han continuado con la visita de una delegación china al Vaticano, confirmando las indiscreciones que habían circulado sobre el último encuentro sino-vaticano, que se llevó a cabo en Roma antes del Año nuevo chino.

Sobre los puntos que todavía dividen a la Santa Sede y a China, el periódico en inglés «made in Beijing» reconoce que el contraste que existe sobre las relaciones diplomáticas entre el Vaticano y Taiwán, «la isla rebelde», es menos importante que los problemas que ha provocado la pretensión del gobierno chino de inmiscuirse en el nombramiento de los obispos, «que la Iglesia católica considera crucial para la fe y la organización».

Durante la primavera de 2010, el académico Liu Peng (director del Instituto Pushi para las Ciencias Sociales) publico justamente en el «Global Times» un texto en el que describía los posibles puntos de encuentro sobre los procedimientos para el nombramiento de los obispos, que en esa época constituían la parte más importante de las negociaciones entre la Santa Sede y el gobierno chino. El acuerdo, explicaba el profesor chino (dando la impresión de estar bien informado) habrá podido poner en marcha mecanismos de selección local (mediante consultas entre los representantes de cada una de las parroquias) para proponer nombres de candidatos al episcopado y que después habrían debido recibir el placet del gobierno de Pekín, antes de ser sometidos a la evaluación de la Santa Sede, para su elección definitiva. Si el candidato o los candidatos no hubieran sido considerados adecuados por la Santa Sede para el papel de obispo, los tiempos para la elección se habrían extendido para tomar en cuenta otros nombres, con otras rondas de consultas. Un sistema que habría eliminado para siempre la eventualidad de nuevas ordenaciones episcopales ilegítimas, celebradas sin el mandato pontificio.

Después de 2010, el acuerdo propuesto en esa época en el «Global Times» (publicado tal vez para sondear el terreno y estudiar posibles reacciones) no se hizo concreto. Poco tiempo después cayó nuevamente el «hielo» entre Pekín y los Palacios vaticanos, en ese que fue uno de los más enigmáticos cambios de escenario que han marcado las relaciones sino-vaticanas. Parolin, que años antes se había encargado de las negociaciones con los chinos en calidad de «vice ministro del Exterior» vaticano fue enviado, justamente en ese periodo crucial, a Venezuela como Nuncio apostólico (en otoño de 2009). Después, desde noviembre de 2011 hasta junio de 2012, los funcionarios chinos volvieron a organizar una serie de ordenaciones episcopales ilegítimas, celebradas sin el consenso del Obispo de Roma, y, por primera vez, la Santa Sede declaró públicamente que los obispos ordenados ilegítimamente habían caído automáticamente en la pena canónica de la excomunión.

A cuatro años de distancia, el nuevo artículo que publicó ayer el «Global Times» vuelve a sondear el terreno de las conjeturas sobre los posibles procedimientos para elegir a los obispos, que podrían ayudar a deshacer el nudo de las controversias. Se prefigura un «modelo chino» para las elecciones episcopales, semejante al «modelo vietnamita», en el que la Santa Sede (según las explicaciones que ofrece el «Global Times») elegiría a los candidatos para cada una de las diócesis de una lista de nombres aprobados conjuntamente con el gobierno, y esperaría el consenso del mismo gobierno antes de hacer oficial all nombramiento y reconocer la ordenación. Entre las consideraciones que expone el «Global Times» está la de un funcionario anónimo chino que pide que se determine un «tiempo máximo predefinido» para las negociaciones de selección y nombramiento de cada uno de los obispos diocesanos, porque, en opinión del representante anónimo de los aparatos de gobierno, después de cierto número de «rounds» sin éxito «no podemos someter una lista infinita de candidatos al Vaticano, si el Papa continúa negando su consenso».

El «Global Times» propone hipótesis y conjeturas sobre el sistema para los nombramientos de los obispos chinos tal vez con la intención de hacer pasar información parcial sobre el estado de las negociaciones sino-vaticanas y estudiar posibles reacciones de todas las partes involucradas. Pero, más allá de la confiabilidad (que debe ser verificada) de las informaciones y de las consideraciones sobre la mesa, la relevancia de la operación mediática queda demostrada por el mismo órgano al que fue encomendada.

El «Global Times» es un instrumento utilizado para que se conozcan en el exterior las líneas del Partido comunista chino. En este caso, el mensaje de fondo es claro y muy definido, más allá de las fórmulas y los estereotipos sobre el lenguaje convencional de la politica religiosa china. Esta vez, el «Global Times» pretende hacer saber al mundo que la China popular y la Santa Sede tienen una ocasión propicia e inédita para comenzar a resolver sus problemas. Una oportunidad que nunca había surgido con rasgos tan nítidos, gracias, principalmente, a la presencia contemporánea de dos líderes como Xi Jinping y Papa Francisco.

La intención china de «filtrar» una muestra de la aceleración en el versante de las relaciones con la Santa Sede queda demostrada con otro texto: poco antes del Año nuevo chino el «Global Times» publicó un primer comentario sobre la relevante entrevista de Papa Francisco en la que habló sobre China y sobre las esperanzas del pueblo chino (publicada el 2 de febrero en otro periódico digital, el «Asia Times», cuyos propietarios son israelíes y estadounidenses, y que se publica en Hong Kong). En esa primera reacción «en caliente», de tonos discordantes, algunas expresiones complacidas por el aprecio y el impulso que dedicaba la entrevista papal al pueblo y a los líderes chinos se alternaban con la repetición ritual de las formulas lingüísticas estándares de la política religiosa china, y no dejaba de repetir que las relaciones bilaterales sino-vaticanas habrían mejorado cuando el Vaticano aceptara los «principios independientes de los católicos chinos». A dos semanas de distancia, la entrevista papal ha sido evidentemente reinterpretada y «digerida» por los aparatos chinos durante las vacaciones del Año nuevo chino: en el nuevo análisis publicado por el «Global Times» ya no se repite el «acto debido» de reafirmar la necesaria «independencia» de la Iglesia china.

 El analista Francesco Sisci, autor de la «entrevista china» con Papa Francisco, fue consultado por el «Global Times» y describió los procesos y las implicaciones (incluso de orden geopolítico) que impulsan a deshacer los nudos todavía pendientes en las relaciones entre la China popular y la Iglesia de Roma: el Papa, explica entre otras cosas el sinólogo italiano pero pequinés de adopción (investigador de estudios europeos en la Renmin University de China), puede ayudar a la comunicación entre China y el resto del mundo. Y el actual gobierno chino, «flexible y realista», tan atento a la importancia de los «soft-powers» globales, se ha dado cuenta del «soft super-power» representado por la Santa Sede en la época de Bergoglio. «Los chinos —concluye Scisci— no quisieran y no deberían perder la ocasión de encontrarse con el Papa, que encabeza este ‘soft super-power’, especialmente ahora que puede ayudar a disipar todos los miedos que hay en el mundo en relación con el crecimiento chino».

El periódico chino también reúne algunas consideraciones del estudioso Liu Guopeng sobre las relaciones sino-vaticanas: en esta fase ambas partes, anota el investigador en el Instituto de Estudios de las Religiones mundiales de la Academia china de Ciencias Sociales, «también pueden hablar mediante un tercer país como Italia o mediante intercambios individuales o de delegaciones, aunque no haya todavía un representante permanente chino ante el Vaticano». Pero el papel del principal testigo sobre las novedades que parecen preparar el terreno para un cambio en las relaciones entre el Vaticano y China es del cardenal estadounidense Theodore McCarrik (de 85 años), uno de los pocos purpurados occidentales verdaderamente apasionados por las cuestiones del catolicismo chino. El arzobispo emérito de Washington ha visitado China en 8 ocasiones, a partir de la década de los años noventa. Su último viaje al país de la Gran Muralla fue a principios de febrero de 2016; no fue «en misión oficial», sino solo para encontrarse con «viejos amigos». El anciano cardenal, primer purpurado occidental que entró a China después de la última fase de «impasse» que comenzó en 2010, explicó al «Global Times» con palabras simples y eficaces que la comunión jerárquica de cualquier obispo con el Sucesor de Pedro es una condición irrenunciable para quien recibe la ordenación episcopal en la Iglesia católica. Y recordó los tiempos de las excomuniones para los comunistas y de la destrucción de las religiones planeada por Mao Tse Tung. Pero subrayó que ahora «todo esto ha pasado», y que nadie en China puede arriesgarse a considerar a los católicos como subversivos. El cardenal estadounidense traza con líneas muy creíbles la nueva fase de las relaciones sino-vaticanas que podría comenzar gracias a Papa Francisco y Xi Jinping. Se dijo convencido de que el Presidente chino quiere comenzar «un nuevo, gran momento de la historia» con el Vaticano. «Muchas cosas que preocupan a China», recuerda el cardenal estadounidense, «también están en el centro de las preocupaciones del Papa: la atención por los pobres, los ancianos, los niños, el destino de nuestra civilización y en particular de la ecología. Veo que están sucediendo muchas cosas que podrían abrir las puertas verdaderamente, porque para el Presidente Xi y su gobierno son importantes las cosas que también son importantes para el Papa». Por este motivo, concluyó McCarrick, las afinidades entre ambos líderes podrían transformarse en un «don precioso para el mundo».(VATICAN INSIDER)