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"Laudato si" una encíclica demasiado argentina
09 - 02 - 2016 - EMERGENCIA ANTROPOLOGICA - Ecología

Los efectos del "prejuicio" latinoamericano sobre las soluciones propuestas por el Papa Francisco para sanar al mundo, en el análisis crítico titulado  ¿"Qué es lo que está equivocado en la "Laudato si"? , de un  teólogo y economista australiano. Artículo de Sandro Magister

 "Esto es magisterio de la Iglesia. Y hay que obedecer al magisterio". Así ha replicado, molesto, el prelado argentino Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la pontificia academia de las ciencias y de la pontificia academia de las ciencias sociales, el pasado 5 de diciembre a los economistas y estudiosos que habían denunciado lo infundado de las tesis ambientalistas de la "Laudato si'", en un congreso promovido por el Acton Institute en la pontificia universidad de la Santa Cruz.

Lo que sigue es un nuevo análisis crítico de la encíclica del papa Francisco, teológica y científica a la vez, de ciencia económica, política y ambiental.

Su autor es un sacerdote australiano, Paul Anthony McGavin, capellán en la Universidad de Canberra, que reúne en sí la competencia de los estudios teológicos y filosóficos con unos treinta años de investigación en el campo de la economía y del trabajo como docente y director de la Australian Defence Force Academy de Canberra. Su última obra, publicada en 2015, es fruto de una exhaustiva investigación sobre el terreno y lleva por título “Grappling Afresh with Labour Resource Challenges”.

El punto de partida de la crítica del padre McGavin a la "Laudato si'" es la óptica típicamente latinoamericana con la que Jorge Mario Bergoglio mira a la ecología humana y ambiental, como también a cuestiones como la pobreza, la igualdad y la justicia. Un "prejuicio" que bloquea el análisis racional de los fenómenos e invalida las soluciones propuestas.

Además, de nuevo según el padre McGavin, el mismo formidable talento del Papa Francisco para establecer relaciones individuales persona a persona cela su capacidad de comprometerse sobre cuestiones más globales, de sistemas, que atañen a toda la humanidad.

El azar quiere que estas críticas vean la luz pocos días después de que Francisco haya indicado por enésima vez, precisamente en la promoción de "un nuevo estilo de vida" ecológico, la respuesta a la "relación entre la pobreza y la fragilidad del planeta", en el vídeo (ver foto) con el cual el Papa ha ilustrado la intención para el mes de febrero del Apostolado de la Oración:

> "Creyentes y no creyentes…"

El extracto que sigue es aproximadamente la mitad del análisis crítico de la "Laudato si'" escrito por el padre McGavin para www.chiesa, cuyo texto íntegro puede ser leído en inglés en esta otra página:

> What's wrong with "Laudato si'"?

El padre McGavin es ya conocido por los lectores de este sitio internet, que seguramente no lo consideran un "tradicionalista".

En su última intervención propuso que los divorciados que se han vuelto a casar pudieran acceder a la comunión con la autorización de su obispo con un rescripto canónico, previa valoración de su caso de manera individual:

> Hipótesis. Un rescripto que autorice la comunión (24.11.2015)

Y en ocasiones anteriores no ha dejado de expresar y motivar su juicio positivo sobre otros aspectos del magisterio y de la personalidad del Papa actual.

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¿Qué es lo que está equivocado en la "Laudato si'"?

por Paul Anthony McGavin


Generalmente, presto atención a las entrevistas que el Santo Padre hace en el avión, porque me interesan los textos que no han sido editados y que no tienen la voz de un "escritor fantasma", como ocurre con las encíclicas papales. Estas charlas aéreas a menudo son superficiales y a veces tendenciosas. Un párrafo del texto "África nos sorprende", publicado en "L'Osservatore Romano" del 4 de diciembre de 2015, me sorprendió de manera particular. Le preguntaron al Papa sobre el reciente cambio de régimen en Argentina y él respondió:

"He escuchado algunas opiniones, pero verdaderamente, en este momento, de esta geopolítica no sé qué decir, de verdad. De verdad que no lo sé. Porque hay problemas en varios países en esta línea, pero yo realmente no sé por qué o cómo empezó; no sé por qué. De verdad. Que haya varios países latinoamericanos en esta situación de un poco de cambio, es cierto, pero no sé explicarlo".

Aquí atribuyo tendenciosidad, porque la relación de Jorge Mario Bergoglio con el régimen Kirchner parece haber sido conflictiva, pero la llegada a la presidencia de Macri es poco probable que concuerde con la visión de Bergoglio, claramente de centro-izquierda. La visión del Papa y de su escritor fantasma se manifiesta en la "Laudato si'", en la que los redactores parecen ignorar la disfuncionalidad de sus posiciones respecto a la agenda que ellos mismos declaran. Si el Papa hubiera defendido una línea de "Yo de verdad no lo sé", la "Laudato si'" habría podido ser un documento más creíble.

La "Laudato si'" lleva claramente la impronta de Bergoglio (por ejemplo, el texto no eclesial más citado es "The End of the Modern World", de Romano Guardini, sobre cuyos escritos Bergoglio empezó sus estudios de doctorado), pero la evidente falta de coherencia del texto sugiere que hay más de un escritor fantasma detrás del mismo. Lo que es muy evidente en el documento es su cultura latinoamericana, es decir, de las naciones de América del Sur y de Centroamérica, nacidas del imperialismo católico ibérico como "América Latina". En líneas generales, América Latina es conocida a nivel internacional por su retraso económico y sus comportamientos oportunistas que prevalecen en un marco de gobiernos débiles.

El Papa y sus escritores fantasmas (de ahora en adelante diré simplemente "el Papa") seguramente no quieren oír una tal descripción de su ambiente cultural, pero desgraciadamente así están las cosas. Cuando en 1901 las seis colonias británicas autónomas se federaron y formaron Australia, la renta per cápita de Argentina superaba la de Australia. Las comparaciones del Fondo Monetario Internacional para el año 2014 demostraron que la renta media argentina es el 48% de la de Australia. Las últimas estimaciones del Banco Mundial sobre la desigualdad en la distribución de la renta (el coeficiente Gini) muestran en Argentina un desequilibrio en favor de las rentas más altas que es un 39% más alta que la estimación para Australia; es decir, que en términos relativos los "pobres" en Argentina sufren el 39% más que en Australia. Si observamos el índice de homicidios cada 100.000 personas, los últimos datos de las Naciones Unidas muestran que el índice de homicidios en Argentina es 5 veces más alto que el de Australia; es decir, Argentina es una sociedad mucho más violenta.

Citando estos datos mi propósito no es alabar a Australia (a pesar de que creo que el modelo de gobierno de estilo británico se comporta mejor respecto a otras alternativas), ni denigrar a Argentina. Mi propósito es demostrar que el Papa, al adoptar una posición ideológica prevalentemente latinoamericana, se sitúa en una posición que inhibe una apreciación racional de la instrumentalidad al afrontar las cuestiones para las cuales estos datos actúan como sucedáneos: la ecología humana y ambiental y cuestiones como la pobreza, la igualdad y la justicia.

En algunos puntos, la "Laudato si'" se lee como una diatriba contra esa forma de racionalidad que lleva a la mejora humana. El Papa explícitamente se declara contrario a una racionalidad instrumental: "La racionalidad instrumental, (…) sólo aporta un análisis estático de la realidad en función de necesidades actuales" (n. 195, también ns. 106-109); descalifica el "paradigma tecnoeconómico" con términos como "arrasando", "dominante" y "los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia" (ns. 53, 104, 109, 189). Y sin embargo es una racionalidad instrumental la que, por ejemplo, ha llevado al aumento de la productividad de los cultivos, a la reducción de los daños de los parásitos en los cultivos alimentarios, a las medidas de sanidad pública que aseguran mejoras en la cantidad y la calidad de la vida para los más necesitados del mundo. […]

La "finanza" es otra palabra donde la falta de comprensión lleva al Papa a despreciarla. […] El Papa está convencido de que "las finanzas ahogan a la economía real" y que las "finanzas" ha sido la causa de la crisis financiera global (n. 109). Pero la "finanza" no es más que un componente de esa institución humana que nosotros llamamos "la economía"; y la "finanza" es tan "real" como el componente de la economía que incluye productos tangibles, es decir, la "economía real": justamente como los "signos" de las obras de Jesús en el capítulo 6 de Juan son tan "reales" como el pan con el que la multitud "se sació".

En la actualidad los financieros hablan de sus transacciones como "productos", incluso si los productos son sólo el registro electrónico de transacciones que no tienen ninguna "realidad" en documentos de papel. En términos institucionales, la crisis financiera global tal vez se entienda mejor como el resultado del debilitamiento de las disposiciones reglamentarias financieras prudenciales en los EEUU, surgidas del paradigma económico ideológico de la administración Reagan ("Reagonomics"). Si las disposiciones institucionales operantes en el Reino Unido o en Australia hubieran estado en vigor también allí, es improbable que las fluctuaciones de los mercados financieros e inmobiliarios hubieran sido tan dramáticas y tan difundidas. En la "Evangelii gaudium", el Papa se expresó contra una mensaje prevalentemente moralizador. Ciertamente, los mercados de las hipotecas de alto riesgo de tipo estadounidense se fundan sobre las insostenibles aspiraciones a la propiedad de la casa ("codicia"). Pero en términos de política pública, el remedio no es la moralización, sino un buen gobierno que apoye una supervisión y una reglamentación financiera sobria y prudente.

En toda la "Laudato si'" el Papa clama contra el "consumismo" (ns. 34 y 215) como algo que "da prioridad al corto plazo y al interés privado" (n. 184) y en el que "el mercado tiende a crear un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos [y] las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios" (n. 203). Los campesinos son "consumidores": consumen lo que producen. En los sistemas de producción sofisticados, se consumen principalmente bienes y servicios intercambiados ("bienes" o "productos"). El Papa claramente favorece las actividades de producción menos especializadas y con menos actividad de mercado, lo que comporta una producción global reducida de bienes y un menor acceso a la variedad de los mismos.

Desde luego, desgraciadamente se nota un menor disfrute de los sencillos placeres de la vida que a menudo se obtienen fuera de los sistemas de mercado (o, más correctamente, de modo complementario a los sistemas de mercado). Pero los valores que inducen a cambiar las opciones están probablemente más influenciados por atracciones y expectativas que por la predicación (tal como el Papa sostiene en la "Evangelii gaudium", ns. 35, 38). El difundido acceso de las familias a servicios como la electricidad, el agua y los servicios higiénico-sanitarios es posible sólo con una amplia implicación en intercambios de mercado que proporcionen bases de impuestos para el suministro de servicios públicos, en particular de una educación de nivel, necesaria para facilitar la movilidad social y aumentar las habilidades sociales y técnicas necesarias para avanzar en el estándar de vida. […]

Las bases institucionales y de gobierno para una mejoría global del bienestar humano son inadecuadamente reconocidas en la dominante impracticabilidad que caracteriza a la "Laudato si'". El Papa está contra la "teología de escritorio". Y mis más de veinte años de compromiso en la investigación y redacción de la teología práctica y aplicada me llevan a simpatizar con los impulsos de teología pastoral y práctica expresados en la "Evangelii gaudium". […] Pero en la "Laudato si'", el Papa tiende precisamente a una teología "de escritorio", e incluso "de sillón", porque le falta una comprobada experiencia de arduo compromiso intelectual y práctico en marcos institucionales de perfil organizativo y societario finalizados a la promoción social. En esta encíclica, demasiado a menudo no admite que "no sabe" y habla ampliamente sobre cuestiones que "no conoce".

La falta de competencia es evidente en la diatriba central del Papa sobre la "polución". La encíclica incluye un pasaje que yo no atribuyo ni a Bergoglio ni a su escritor fantasma principal: es ese en el que, en referencia a las "causas humanas" que llevan al calentamiento de nuestro sistema climático, leemos: "Es verdad que hay otros factores (como el vulcanismo, las variaciones de la órbita y del eje de la Tierra o el ciclo solar)…" (n. 23). Esta percepción del cambio climático como conjunto es abandonada y en su lugar el Papa sostiene la línea típica de los periodistas y los burócratas politizados que atribuyen el cambio climático a una causa reciente y única. Viniendo de un Papa esto es extraño. El Antiguo Testamento testimonia claramente el impacto del hombre sobre el ambiente y la experiencia de cambios climáticos, incluidas las variaciones climáticas extremas.

El fenómeno del cambio climático puede estar aumentando, pero no es nuevo y no es mono-causal. En el decenio anterior a la federación, Australia experimentó graves fracasos en los cultivos y en la producción ganadera que derivaban de las expansiones agrícolas y ganaderas que reflejaban la falta de experiencia a largo plazo de las variaciones climáticas características del continente australiano. Recientemente ha habido experiencias similares y el Australian Bureau of Meteorology señala el año 2015 como el quinto más caliente desde que se empezaron a registrar los datos en 1910. Pero calcula también que esto se ha debido en parte al recurrente, aunque decreciente, efecto de El Niño. […]

La degradación ambiental es una cuestión de grado y la valoración práctica del grado puede no ser simple o de una sola medida. Además, las estimaciones globales pueden ser inaplicables para ciertas regiones geográficas o para determinadas situaciones económicas y sociales. A pesar de las alusiones del Papa al "principio de subsidiariedad" (ns. 157, 183, 196) y sus palabras: "No se puede pensar en recetas uniformes, porque hay problemas y límites específicos de cada país o región" (n. 180), el tenor general de la encíclica sigue manteniendo el énfasis sobre generalizaciones simplistas y soluciones universales evocadas como "acuerdos internacionales que se cumplan" y una "autoridad política mundial" (n. 173, 175).

Australia se está convirtiendo, cada vez más, en un gran exportador de combustibles fósiles, carbón y gas natural, especialmente a China y la India. El primer ministro indio Modi, con ocasión de la reciente conferencia de París sobre el cambio climático, sostuvo con fuerza que la expansión del abastecimiento de energía eléctrica en toda la nación es fundamental para mejorar los niveles de bienestar humano de la población india y que esto depende de una mayor utilización de los combustibles fósiles. Los combustibles fósiles varían en su impacto: las exportaciones de carbón australiano son de carbón negro relativamente "limpio", no de lignito "sucio". El gobierno Modi, como el precedente gobierno Singh, es consciente de que las políticas de "energía limpia" requieren financiación; financiación que sólo es posible gracias a rentas más altas. Esto implica reconocer que las políticas ambientales son, en jerga económica, "bienes superiores", lo que significa que un aumento de la renta aumenta también la demanda de "bienes superiores" y la capacidad de proporcionarlos, mientras que la demanda de "bienes inferiores" como los alimentos básicos desciende como una parte de la demanda.

En resumen, el retrato periodístico populista -y a menudo también los retratos de científicos físicos- de una relación desfavorable entre crecimiento económico y salud ambiental no incluye las complejas dinámicas económicas y sociales incluidas en la gestión del ambiente. Con estimaciones más serias y con un buen gobierno, la relación probablemente sería más positiva; es decir, con el crecimiento económico asociado a ambientes más limpios. Se puede nadar con toda seguridad en la mayor parte de los cursos de agua australianos, mientras que los cursos de agua de los países "en vía de desarrollo" están, generalmente, muy contaminados.

La frase crucial es "con un buen gobierno". El Papa piensa que el "capitalismo" y el "consumismo" comportan codicia, avaricia y degradación ambiental. Una valoración más seria identifica a los regímenes socialistas como asociados a la opulencia de las clases dirigentes y a un tenor de vida disminuido para el resto de la población, porque la avaricia y la codicia son vicios humanos generalizados. Una degradación ambiental y humana como la que tan a menudo se observa en China y América Latina se entiende mejor como consecuencia de gobiernos débiles, ineficaces, incompetentes y corruptos. El Papa hace escasa referencia a los fracasos institucionales como causa principal de los resultados no deseados: los efectos debilitadores de "un sistema institucional precario" se mencionan sólo en los ns. 142, 179. […]

El Papa Francisco, por lo tanto, ¿está equivocado en todo o es incluso herético? No. Cuidar nuestro mundo es un precepto cristiano fundamental que surge del relato de la creación en el Génesis (n. 66). La perspectiva del Papa está desalineada porque él interpreta este cuidado principalmente en términos de "conservación", en una perspectiva estática, mientras que la perspectiva cristiana de "gestión" da una perspectiva dinámica. San Lucas es el mayor exponente de esto en el Nuevo Testamento, como intenté demostrar en mi tesis de investigación publicada con el título: "El lenguaje económico en Lucas y Hechos".

¿Se equivoca el Papa en su exigencia de justicia? No. Las bases de un punto de vista cristiano de la justicia se encuentran en el Antiguo Testamento (por ejemplo, en el Deuteronomio 24, 14) donde, en principio, la justicia distributiva es claramente enunciada, como lo es también la inclusión de las personas marginadas en los sistemas de producción (por ejemplo, en el Levítico 23, 22) (n. 71). Comparto la premisa del Papa: "El auténtico desarrollo humano posee un carácter moral" y "la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza [humana]" (ns. 5 y 115, 155). El problema con la "Laudato si'" no es el deseo de un desarrollo humano integral en nuestro ambiente creado. El problema es la amplia falta de competencia técnica en las cuestiones prácticas relevantes.

El Papa es ambicioso en su búsqueda de "entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común" (n. 3). Pero esto implica peligros particulares, porque le lleva a hacer llamamientos a ideas humanas comunes, incluidas las populistas. El peligro de su llamamiento es que las ideas humanas comunes no pueden proporcionar un remedio. Por los argumentos que he explicado a grandes rasgos puede parecer que yo piense que técnicas intensas menos comunes y más complejas proporcionen un remedio. Esto sería una percepción errada. Mi vida no ha sido simplemente la de un profesor de económicas con una especialización, con amplias investigaciones en materia y publicaciones sobre el desarrollo de recursos humanos. He sido y soy un sacerdote católico; y sacerdote porque profundamente convencido de que el hombre no puede ser un remedio para él mismo.

Donde el concepto de pecado en la condición humana no esté en primer plano, las distintas versiones de la auto-mejoría humana o el pelagianismo prevalecen. Este peligro es inherente en la "Laudato si'". Me alegré cuando vi la palabra "pecado" aparecer en la segunda oración de clausura de la encíclica, porque el llamamiento global de la encíclica es para visiones comunes -visiones comunes populistas- que parecen reforzar un enfoque humanista simplista para el "cuidado de nuestra casa común".

En la encíclica se reconoce varias veces la "complejidad" de los sistemas ecológicos y sociales y que "las soluciones no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar" las cuestiones que están implicadas (n. 63). Pero estos reconocimientos no desplazan el peso de la encíclica de un enfoque simplista global que absorbe y promueve entendimientos populistas e ideológicos. Desde una perspectiva teológica, los que están fuera de la Iglesia y hayan leído la encíclica seguramente se sentirán afirmados en una visión humanista que no lleva a la visión del mundo presentada en los Evangelios. Desde una extensa perspectiva intelectual, los que están fuera de la Iglesia (y dentro de ella) que la hayan leído sobre la base de competencias técnicas sentirán la tentación de rechazarla tachándola de romanticismo franciscano.

En resumen, creo que esta iniciativa del Papa Francisco tiene buenas intenciones y procede de un hombre que se ve a sí mismo como "un pecador". Pero su limitado bagaje cultural y educativo y su personalidad son geniales en las relaciones de tú a tú pero, sin embargo, le son de escasa ayuda cuando se compromete en generalidades, con la "humanidad", en lugar de con las personas, y con las visiones abstractas y sistemáticas que son necesarias para enfocar racionalmente los problemas que son de orden distinto al talento del Papa y, tal vez, de un orden distinto respecto al mandato del Papa.

Mi estimación es que una encíclica más distinta a ésta, más breve, más informada desde el punto de vista técnico y más precisa desde el punto de vista teológico hubiera sido más útil y habría proporcionado una plataforma mejor "para entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común".

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Traducción en español de Helena Faccia Serrano (SANDRO MAGISTER.CHIESA) 


viernes 22 de

noviembre de 2019

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