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Vaticano: no existe ninguna misión dirigida a los hebreos
17 - 01 - 2016 - VATICANO - Organismos

Un reciente documento vaticano expone el estado de las relaciones entre judíos y cristianos, a 50 años de la «Nostra Aetate»; uno de los temas afrontados es el de la conversión. Este domingo, el Papa visitará la Sinagoga de Roma. 

«La Iglesia católica no conduce ni anima ninguna misión institucional dirigida específicamente a los hebreos». Este es uno de los pasajes más importantes del reciente documento titulado «Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables», redactado por el Vaticano en ocasión del 50 aniversario de la declaración conciliar «Nostra Aetate», con la que se inauguró la estación del diálogo entre la Iglesia católica y el hebraísmo, y, más en general, del diálogo interreligioso. El nuevo documento vaticano pretende reflexionar «sobre algunas cuestiones teológicas pertinentes para las relaciones judeocristianas», y lleva las firmas del cardenal Kurt Koch, Presidente de la Comisión para las Relaciones religiosas con el Hebraísmo, del vicepresidente Brian Farrel y del Secretario del órgano vaticano, el padre Norbert Hofmann, comprometido desde hace muchos años en estos temas. El texto, divulgado a principios de diciembre del año pasado, es una guía muy útil para entender cuál es el clima en el que se desarrollará la visita, el próximo domingo, a la Sinagoga de Roma, en donde Papa Francisco será recibido por el rabino de la capital italiana, Riccardo di Segni.

Justamente el padre Hofmann subrayó en «L’Osservatore Romano» que en cincuenta años de vida la comisión que se ocupa del diálogo con los judíos ha redactado pocos documentos importantes. Este último que acaba de ser publicado, es el cuarto de ellos y, explica el religioso, se trata del «primer Documento de la Iglesia católica que define claramente, desde un punto de vista teológico, la relación con el hebraísmo». «Al insistir en el estatuto especial de las relaciones judeocristianas, en el contexto más amplio del diálogo interreligioso —añade—, son afrontadas cuestiones teológicas como la importancia de la revelación, la relación entre la antigua y la nueva alianza, la relación entre la universalidad de la salvación en Jesucristo y la convicción de que la alianza de Dios con Israel nunca ha sido revocada, y la tarea evangelizadora de la Iglesia en referencia con el hebraísmo». En particular, el texto afronta un tema que desde siempre ha sido delicado en las relaciones entre ambas religiones: la conversión de los judíos al cristianismo.

Una relación asimétrica entre judíos y cristianos

El documento comienza con una valoración significativa de la importancia que ha tenido la «Nostra Aetate» para acabar con viejas desconfianzas; se revela, de hecho, que este texto ha dado una «nueva orientación a la Iglesia católica». «Este cambio en las relaciones de la Iglesia con el pueblo hebraico y con el hebraísmo —se afirma— se percibe claramente solo al tener en cuenta el hecho de que, precedentemente, existían grandes reservas en ambas partes», incluso porque en la historia del cristianismo ha sido considerada como una historia «marcada por discriminaciones en relación con el hebraísmo e incluso por intentos de conversión». En el contexto de esta compleja relación, «hay, entre otras cosas, una relación asimétrica: los hebreos han debido confrontarse a menudo, como minoría, con una mayoría cristiana de la que en no pocas ocasiones han dependido». Además, «la sombra oscura y terrible de la Shoah en Europa durante el periodo nazi empujó a la Iglesia a reflexionar nuevamente sobre su vínculo con el pueblo hebraico».

Conversión, una cuestión espinosa

La «Nostra aetate» ha contribuido para que «comunidades en el pasado escépticas unas frente a las otras se transformaran con el tiempo, paso a paso, en socios confiables e incluso en buenos amigos, capaces de afrontar juntos las crisis y de afrontar los conflictos positivamente».

Sin embargo, el documento también se ocupa del tema de la conversión al cristianismo en toda su complejidad, es decir, analizando cuál es «el mandato evangelizador de la iglesia en relación con el hebraísmo». Una cuestión que el mismo documento define «espinosa y sensible para los hebreos, puesto que, a sus ojos, toca la existencia misma del pueblo hebraico». Pero se revela que también es un tema delicado para los cristianos, «ya que consideran de fundamental importancia el papel salvífico universal de Jesucristo y la consecuente misión universal de la Iglesia». Después se establece que la Iglesia debe comprender la evangelización dirigida a los hebreos de manera diferente con respecto a la que se relaciona con las personas que pertenecen a otras religiones o que tienen diferentes visiones del mundo. «Esto significa concretamente —se lee en el texto— que la Iglesia católica no conduce ni anima ninguna misión institucional dirigida específicamente a los hebreos». Pero, aún teniendo claro este rechazo, «por principio, de una misión institucional dirigida a los hebreos, los cristianos han sido llamados a ofrecer testimonio de su fe en Jesucristo también frente a los hebreos; pero deben hacerlo con humildad y sensibilidad, reconociendo que los hebreos son portadores de la Palabra de Dios y teniendo presente la gran tragedia de la Shoah».

«El principio que Jesús transmite a sus discípulos cuando los envía en misión —explica el documento de la Comisión para las Relaciones religiosas con el Hebraísmo— es sufrir la violencia en lugar de procurarla. Los cristianos deben poner su confianza en Dios, que cumplirá su plan universal de salvación en modos que sólo Él conoce; ellos son, de hecho, testigos de Cristo, pero no son quienes deben llevar a cabo la salvación de la humanidad».

En una perspectiva más amplia «es y seguirá siendo un rasgo cualitativo de la Iglesia de la nueva Alianza el hecho de que ella esté compuesta por hebreos y gentiles, aunque la relación cuantitativa entre judeocristianos y gentiles pueda dar otra impresión a primera vista». De la misma manera en la que «después de la muerte y resurrección de Jesucristo no existían dos Alianzas no relacionadas entre sí, así el ‘pueblo de la Alianza de Israel’ no está desvinculado del ‘pueblo de Dios compuesto por los gentiles’». «Más bien —se observa— el papel permanente del ‘pueblo de la Alianza de Israel’ en el plan de salvación de Dios debe ser relacionado dinámicamente con el ‘pueblo de Dios compuesto por hebreos y gentiles unidos en Cristo’, en Aquel que la Iglesia confesa como intermediario universal de la creación y de la salvación».

Que se superen las intolerancias del pasado

Entre los objetivos importantes del diálogo entre hebreos y cristianos, además de la profundización del conocimiento recíproco, se considera «el compromiso común a favor de la justicia, de la paz, de la salvaguardia de la Creación y de la reconciliación en todo el mundo». «Es posible —se explica en el texto— que en el pasado diferentes religiones, con base en una reivindicación de verdad comprendida de manera restringida y de una intolerancia derivada de ella, hayan contribuido a fomentar conflictos y enfrentamientos. Sin embargo, hoy las religiones no deberían ser parte del problema, sino parte de la solución al problema». En realidad, «solo cuando las religiones dialogan con éxito unas con otras, contribuyendo de esta manera a la paz mundial, esta paz puede ser realizada incluso a nivel social y politico».(VATICAN INSIDER)