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El terror yihadista y la crisis interna del islam
30 - 11 - 2015 - INTERRELIGIOSO - Musulmanes

 “Noviembre no es enero”, es el mensaje que subyace en los discursos políticos, cada vez más partidarios de medidas radicales contra la yihad. Sin embargo, gran parte del mundo musulmán asegura que este terror no representa al verdadero islam. 

El islam está dividido. Esta es, según algunos comentaristas, la principal raíz del terrorismo yihadista. “Existe un conflicto interno dentro del islam sobre la dirección de la fe, con una deriva radical que ha enrolado para su causa a miles de combatientes”, dice Tim Arangonov (New York Times).
“Llevará muchas generaciones reformar el islam, pero el primer paso habrá de ser un movimiento popular contra el ‘islamismo político” (M. Zuhdi Jasser)
Por ello, conviene estar prevenidos contra juicios totalizantes sobre el islam, pues tal vez los propios musulmanes sean parte de la solución, y no solamente el objetivo de las estrategias internacionales. De “las propias sociedades y Estados de mayoría musulmana (…), sobre todo, es de donde tienen que venir las soluciones integrales a este problema”,defiende Javier Jordán, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Granada.
Los musulmanes son parte de la solución
Según M. Zuhdi Jasser, fundador del American Islamic Forum for Democracy (AIFD), la separación de la religión y la política es la clave de la solución. “La cuestión más importante hoy día para los que creen en la libertad es ‘¿qué papel debe desempeñar el gobierno, imponiendo determinadas interpretaciones o creencias?’. Si la respuesta es ‘ninguno’, pues religión y política deberían ir separadas (…), entonces el mundo puede esperar (…) una reforma islámica que actualice la ‘sharia’ –la ley islámica– y promueva escuelas modernas de pensamiento”, afirma en una entrevista para National Review.
Frente esta postura se levantan voces como la de Yusuf al-Qaradawi, uno de los líderes de los Hermanos Musulmanes. Al-Qaradawi no apoya la imposición violenta de la ley islámica, pero sí busca la islamización de Occidente. Europa deberá ser islamizada “no por la espada, sino por la predicación”, afirmaba. Los Hermanos Musulmanes creen en una unificación de la humanidad bajo la bandera del islam; para ello, sostienen, no hay otra vía que la de crear un “califato mundial”.
“Llevará muchas generaciones reformar el islam –prosigue Zuhdi Jasser–, abrir la ‘ijtihad’, la interpretación crítica de la escritura, y desarrollar nuevas escuelas de pensamiento, pero el primer y más importante paso habrá de ser un movimiento popular contra el ‘islamismo político’ y en pro de la libertad”. La solución ha de venir de las mismas comunidades musulmanas: “El ‘islamismo político’ es una enfermedad que solo nosotros podemos curar”, afirma Jasser. Esta es la postura de muchos líderes musulmanes, que quieren separar religión y política, dejando de lado las “teologías conquistadoras y dominantes”, en palabras de Tarek Oubrou, rector de la mezquita de Burdeos.
Crisis de identidad
Las interpretaciones del Corán más extremas –como el “salafismo”– abogan por un regreso a los tiempos de Mahoma. El jesuita Samir Jalil Samir, gran conocedor del islam, dice en una entrevista que el mundo islámico “se siente en crisis, y los más radicales han decidido restaurar lo que estaba aconteciendo en el periodo histórico del 640: una guerra mundial para conquistar Occidente”. En esta misma línea, el historiador Daniel Pipes, presidente del Middle East Forum, explica cómo los islamistas más radicales “celebran el periodo medieval, cuando los musulmanes eran los más ricos, avanzados y poderosos, e interpretan el declive musulmán como resultado de la hipocresía y la traición occidentales” (Washington Times). En cierto sentido, el Estado Islámico (EI) busca ofrecer una alternativa al “declive” a través de su autoproclamado califato.
Lo que se esconde tras los atentados de París no es tanto un islamismo utópico como un inquietante nihilismo
Existe una crisis identitaria dentro del islam, pero la solución no es una purga violenta que devuelva la sociedad al siglo VII. “Hemos de lograr una fuerte identidad religiosa que llame a la acción a la gente, pero ‘acción’ en sentido constructivo, no destructivo; que promueva la vida, no la muerte”, sostiene el imán Mohamed Magid, líder espiritual de una gran comunidad musulmana en Virginia (Estados Unidos). Por otro lado, Magid señala que el terrorismo que golpeó París no deriva tanto de motivos teológicos, como sociales y psicológicos. “Tenemos que analizar este extremismo violento, derivado de un desequilibrio mental, así como el ambiente psicológico y social en que está esta gente, de modo que podamos detenerlo. No podemos decir simplemente que tienen una ideología retorcida. La pregunta es, ¿qué es lo que les vuelve receptivos a ella?”.
¿Islamismo o nihilismo?
Olivier Roy, politólogo especialista en el islam, responde a esta pregunta afirmando que, en casos como el de París, “no se trata de una radicalización del islam, sino de la islamización del radicalismo”. Lo que hace que estos jóvenes sean tan receptivos a las consignas y actitudes pregonadas por el EI no es una adhesión al islam madurada con los años, sino una revuelta personal anterior a su adscripción al yihadismo.
Curiosamente, este radicalismo solo afecta a una franja concreta de los jóvenes que se dicen musulmanes: los pertenecientes a la “segunda generación” de musulmanes y los convertidos al islam “de súbito”. En ambos casos –explica Roy en un reciente artículo para Le Monde– hablamos “de una revuelta generacional: los dos rompen con sus padres o, más exactamente, con aquello que sus padres representan en términos de cultura y religión”. “La falta de transmisión de una religión culturalmente arraigada” puede ser, según Roy, la clave de esta ruptura. Después de muchos años alejados de cualquier tipo de práctica religiosa –“han bebido alcohol, fumado droga, se han mezclado con prostitutas…”, explica el politólogo–, estos jóvenes deciden convertirse a lo que ellos consideran una religión “pura” –el salafismo yihadista–, aislada de cualquier vínculo generacional o cultural.
Así, concluye Roy, estos “terroristas no son (…) la expresión de una radicalización de la población musulmana, sino que reflejan una rebelión generacional que afecta a un franja determinada de jóvenes”. Si bien las derivas y contradicciones internas del islam pueden engendrar violencia, lo que se esconde tras los atentados de París no es tanto un islamismo utópico como un inquietante nihilismo.
(Fuente: Aceprensa)
 


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