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Papa Francisco visto «tras bambalinas»
19 - 11 - 2015 - PAPADOS - Francisco

Monseñor Dario Viganò, director del CTV y Prefecto de la Secretaría para la Comunicación Vaticana, cuenta en un libro el Pontificado de Francisco desde un punto de vista único: detrás del «escenario».Viganò revela que Francisco habla al mundo entero con los códigos de la intimidad y de la confianza, de la familiaridad, desde ese «Buenas tardes» con el que saludó a la multitud del mundo apenas elegido.
 

Una escena histórica, desde un punto de vista único: era el 23 de marzo de 2013, a diez días de la elección de Papa Francisco, cuando el mismo Pontífice argentino se dirigió a Castel Gandolfo para visitar a su predecesor Benedicto XVI. «Era previsible desde el inicio que este encuentro habría sido fuera de lo común, puesto que nadie nunca había visto juntos a dos Papas, o mejor al Papa y al Papa emérito, él también vestido de blanco. Para nosotros en el CTV (Centro Televisivo Vaticano, ndr.), encargados como siempre de documentar el evento, la cuestión principal era cómo contar este evento restituyéndolo al público en toda su extraordinariedad: ¿qué era prioritario filmar? ¿Cómo se habrían movido los ‘dos’ Pontífices? Era difícil intuirlo, y, mientras esperábamos que aterrizara el helicóptero en Castel Gandolfo, quedábamos a merced de nuestras dudas. Después, Bergoglio se bajó del helicóptero, se dirigió inmediatamente hacia Ratzinger, y, mientras caminaba esos pocos pasos que lo separaban del Papa mérito, extendió los brazos. Por su parte, Benedicto, tímido y frágil, parecía avergonzado por ese gesto tal vez demasiado poco protocolario. El encuentro fue extraordinariamente cordial; es más, a pesar de los estilos diferentes, leyendo las miradas, las sonrisas, los pequeños gestos de las manos, parecía que ambos fueran grandes amigos desde siempre y que tuvieran una complicidad que superaba la cultura, la teología y las modalidades tan distantes. Se percibía claramente cuánto ya quería Ratzinger a su sucesor, a quien durante los siguientes meses y años le ha dado consejos y gran apoyo con la oración». Después, al entrar a la capilla, «se consumó una pequeña escena: Benedicto le hizo un gesto al Pontífice para que se acomodara en el reclinatorio frente al altar, mientras él se arrodillaba en la primera banquita justo detrás. ¿Qué tenía que hacer en ese momento nuestro operador, a quién tenía que seguir? Benedicto ya se acercaba a la banca indicando y casi ‘forzando’ al nuevo Pontífice a ocupar el sitio central, mientras Francisco, con lo imprevisto de las primeras horas como Papa y con su estilo hecho de atención por las personas, replicaba a los intentos de Benedicto digiriendo a ambos hacia la primera banca. Al final, fue Francisco el que prevaleció: insistió, invitando a su predecesor a ir con él, y así los vimos unidos en un solo encuadre, ambos arrodillados frente al Señor Jesús». La «mirada» y la narración son de monseñor Dario Edoardo Viganò, director del Centro Televisivo Vaticano, a quien Papa Francisco eligió como Prefecto de la Secretaría para la Comunicación de la Santa Sede. Esta y otras escenas desde el punto de vista de quien tuvo la tarea de transmitir al mundo la imagen y las imágenes del sucesor de San Pedro, acompañándolo en las ceremonias, en las audiencias, en los viajes (hasta los más recientes a Cuba y Estados Unidos), se narran en el libro que está por ser publicado «Fidelidad y cambio. Papa Francisco narrado de cerca». Desde muy cerca.

 

Viganò, comenzando con la renuncia al Pontificado de Papa Ratzinger, recorre los primeros dos años y medio de Francisco subrayando y profundizando lo que está cambiando en la Iglesia. Las páginas son ágiles y de veloz lectura, y, una tras otra, componen el dibujo, el proyecto, el programa del primer Pontífice latinoamericano, jesuita y con el nombre del Santo de Asís. Surge en este libro la extraordinaria fuerza de la innovación, de la reforma que Jorge Mario Bergoglio está poniendo en marcha en una institución milenaria como la Iglesia.

 

El Prefecto de la Secretaría de la Comunicación analiza particularmente la comunicación (¿qué si no?; ¿qué mejor que él?), que puede ser definida la «primera revolución del Papa que vino ‘del fin del mundo’»: una comunicación que no es solo forma, sino principalmente sustancia, creada con esos (célebres) gestos y palabras con los que se ha manifestado como un Papa cerca de todos, «Pontífice del diálogo», capaz de salir al encuentro de cualquier persona. Viganò revela que Francisco habla al mundo entero con los códigos de la intimidad y de la confianza, de la familiaridad, desde ese «Buenas tardes» con el que saludó a la multitud del mundo apenas elegido.

 

Una comunicación que se ha convertido en mensaje, tanto para los creyentes como para los que están «lejos de la fe», desde la elección del nombre del Santo de Asís. Viganò insiste sobre algunas de sus expresiones que se han convertido en parte del acervo popular debido a su eficacia con «la gente común», con «los potentes de la tierra» y con las figuras eclesiásticas (sobre todo las jerarquías: la invitación a «construir puentes y no muros», la exhortación a ser «pastores con olor a oveja», el sueño y la actitud de una «Iglesia pobre y para los pobres).

 

Escribe Viganò: «También desde el primer encuentro con Ratzinger surge este lado de la personalidad de Bergoglio: su ser incluyente, acogedor y próximo»; y después: «ya interactúe con obispos o sacerdotes, o frente a los fieles laicos, el Santo Padre comunica, en cada uno de sus actos, un sentido de proximidad, un estilo de comunicación calurosa e inmediata».

 

En este volumen, Viganò permite volver a vivir en vivo las decisiones y los eventos mediante los cuales Francisco está introduciendo un profundo cambio, que reconfigurará no solo a la Iglesia sino también a toda la sociedad, en el sentido del Evangelio vivido concreta y cotidianamente. Además, el director del CTV ofrece una reflexión profunda sobre «los motivos de la eficacia de la comunicación de un Pontífice que, si bien desde las primeras semanas se reveló portador de un nuevo estilo, en estos años se ha demostrado capaz de invertir desde dentro los códigos comunicativos tradicionales, llegando a la renovación radical de la imagen del papado. La de Bergoglio, por lo demás, es una revolución que no se queda en la superficie, ni se resuelve en una mera operación de ‘lifting’: pretende reformar profundamente toda la Iglesia, para que vuelva a encontrar autenticidad y frescura. El anuncio de Papa Francisco marca el tiempo de un retorno a lo esencial y abre de par en par las puertas de la misión a una Iglesia que no tiene alternativas, si pretende ser fiel a Dios y a su mandato».


domingo 26 de

mayo de 2019

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