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México: impecable respuesta del cardenal al LGTB
14 - 08 - 2015 - EMERGENCIA ANTROPOLOGICA - Unión Gay

El Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, dio una ejemplar lección sobre cómo responder a las presiones del lobby gay a través de una carta en la que contesta a una serie de exigencias que le hace un transexual respecto a la postura de la Iglesia ante el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la ideología de género.

El 29 de julio la transexual Diana Sánchez Barrios envió una carta al Cardenal Rivera en la que alaba las leyes del aborto y de las uniones homosexuales en el Distrito Federal –a las que considera como un “beneficio para la población–; y en la que acusa a los obispos de Chihuahua, Durango y Sonora, además del Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Francisco Robles Ortega, de promover la homofobia y la discriminación contra los homosexuales.

En su carta Sánchez Barrios, la primera transexual en buscar un cargo político en México, intenta poner como garante de su pedido al Papa Francisco y pide que cese la “violencia” contra ellos: “basta de discriminación, basta de llamar al odio en nombre de Dios”, escribe el transexual.

El 11 de agosto el SIAME publicó la respuesta del Cardenal Rivera a la carta de Sánchez Barrios, en la que hace una serie de precisiones y responde una a una a las solicitudes del transexual.

“En primer lugar –escribe el Cardenal Rivera– difiero con Usted que la aprobación de algunas leyes sean para el beneficio de la población, asesinar a un niño en el vientre de su madre de ninguna manera es un bien para la mujer que experimenta este drama, ni mucho menos para el niño que se le priva del primero de todos los derechos que es el de la vida”.


Con frecuencia, resalta el Arzobispo Primado de México, “acuden mujeres que han abortado a buscar la reconciliación con Nuestro Señor y con ellas mismas y no se puede imaginar el dolor y la culpa que sufren, pues terminan por cobrar conciencia que el aborto fue un acto horrendo en el que asesinaron a su propio hijo”.

El Purpurado afirma luego que “la Iglesia no puede aceptar la aprobación de falsos derechos como los que usted enumera en su carta porque van en contra de lo que dice la sagrada Escritura, la doctrina de la Iglesia que surge de ella y la fe católica vivida en la fidelidad al proyecto de Dios a lo largo de dos mil años”.

Sobre la solicitud de Sánchez Barrios de reprender a algunos prelados, el Cardenal precisa que “a excepción de mis ocho obispos auxiliares, no tengo jurisdicción sobre ningún otro obispo del país, cada obispo, incluido el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Francisco Robles Ortega, responden directamente al Santo Padre, lo mismo cabe señalar para los arzobispos de Chihuahua, Durango y Hermosillo”.

El Cardenal Rivera responde también que “no es el Papa Francisco quien pide de abstenerse de discriminar a las personas homosexuales, sino el Catecismo de la Iglesia Católica publicado en 1993, durante el pontificado de San Juan Pablo II que en el número 2358 dice: ‘… deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta’”.

El Purpurado recuerda además que el numeral 2357 del Catecismo señala que los actos homosexuales son “intrínsecamente desordenados” y “contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.

“Y el Papa Francisco no ha cambiado esta doctrina de la Iglesia”, precisa.

El Cardenal Norberto Rivera concluye su carta agradeciendo la misiva de Sánchez Barrios y haciendo votos para que “les conceda la luz del Espíritu Santo para que conociendo la verdad que Jesús nos ha revelado, puedan vivir conforme a esa verdad, la única que nos salva”.(SIAME-ACI)

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Carta del Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera a la Srta. Diana Sánchez Barrios.

Srta. Diana Sánchez Barrios
Presente

He recibido su carta del pasado 29 de julio, al respecto, me permito aclarar los puntos planteados en su atenta misiva.

En primer lugar difiero con Usted que la aprobación de algunas leyes sean para el beneficio de la población, asesinar a un niño en el vientre de su madre de ninguna manera es un bien para la mujer que experimenta este drama, ni mucho menos para el niño que se le priva del primero de todos los derechos que es el de la vida. Con frecuencia acuden mujeres que han abortado a buscar la reconciliación con Nuestro Señor y con ellas mismas y no se puede imaginar el dolor y la culpa que sufren, pues terminan por cobrar conciencia que el aborto fue un acto horrendo en el que asesinaron a su propio hijo.

La Iglesia no puede aceptar la aprobación de falsos derechos como los que usted enumera en su carta porque van en contra de lo que dice la sagrada Escritura, la doctrina de la Iglesia que surge de ella y la fe católica vivida en la fidelidad al proyecto de Dios a lo largo de dos mil años.

Cabe aclarar que, a excepción de mis ocho obispos auxiliares, no tengo jurisdicción sobre ningún otro obispo del país, cada obispo, incluido el arzobispo de Guadalajara, Card. Francisco Robles Ortega, responden directamente al Santo Padre, lo mismo cabe señalar para los arzobispos de Chihuahua, Durango y Hermosillo.

En cuanto a la acusación que usted hace de dichos arzobispos de violar los artículos 1, 24 y 130 de la Constitución, no es a un servidor a quien debe dirigirse su queja, sino a la autoridad civil, que es quien debe juzgar si existen o no dichas violaciones. Ateniéndome a la explicación que le he hecho, no le compete al Arzobispo de México –como usted pide en su carta-, investigar y mucho menos castigar la conducta del señor cardenal de Guadalajara, Francisco Robles Ortega, ni la de los arzobispos, así como tampoco tengo competencia para exhortarlos a asumir las actitudes que según usted, son la obediencia al Papa y el sometimiento a su autoridad.

No es el Papa Francisco quien pide de abstenerse de discriminar a las personas homosexuales, sino el Catecismo de la Iglesia Católica publicado en 1993, durante el pontificado de San Juan Pablo II que en el número 2358 dice: “…Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”. Pero la Iglesia también debe ser fiel a la verdad de la persona humana, y a lo que nos enseña la Palabra de Dios, por eso, en el número anterior, 2357 dice: “…Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6,10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”. Y el Papa Francisco no ha cambiado esta doctrina de la Iglesia.

Mucho agradezco la atención de su carta y pido a Dios Nuestro Señor que les conceda la luz del Espíritu Santo para que conociendo la verdad que Jesús nos ha revelado, puedan vivir conforme a esa verdad, la única que nos salva, y les conceda, como dice también el Catecismo de la Iglesia Católica: “realizar la voluntad de Dios en su vida, y unir al sacrifico de la Cruz del señor las dificultades que puedan encontrar a causa de su condición (cf 2358)”.

Su hermano y servidor

+ Norberto Card. Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México.