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Gallagher: Rusia puede ayudar a estabilizar el Mediterráneo
05 - 08 - 2015 - VATICANO - Organismos

Entrevista con el Secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano: «Puede jugar un papel como en el acuerdo con Irán». ¿La Unión Europea? «La economía debe convivir con valores culturales y éticos»

¿Cuáles resultados puede tener el acuerdo nuclear iraní en la pacificación del Medio Oriente? ¿Por qué la Santa Sede lo juzga positivo?


«La Santa Sede ve positivamente el acuerdo nuclear iraní porque considera que la vía para resolver la controversia y las dificultades debe ser siempre la del diálogo y la de la negociación. El acuerdo alcanzado es el resultado de muchos años de negociaciones sobre una cuestión que había suscitado grave preocupación. Es verdaderamente positivo que se haya llegado a una solución satisfactoria para todas las partes. Está claro, además, que tal acuerdo exige la continuación de los esfuerzos y el compromiso de todos para que pueda dar sus frutos. Es apreciable la confianza recíproca entre las partes, que hizo posible el acuerdo y que debe ser favorecida. Insisto en que la vía para la solución de los conflictos en el Medio Oriente, que hay que afrontar de manera global y regional al mismo tiempo, es la del diálogo y de la negociación, y no la del enfrentamiento. Es cierto que esta vía exige decisiones valientes por el bien de todos, pero es la que conduce a la esperada paz en la región.

 

¿Qué le parece el resultado del caso griego y sus dificultades con la Unión Europea? ¿No le parece que Europa se está convirtiendo en una comunidad técnico-financiera que no logra reconocerse en un proyecto común?


Claro, la crisis griega ha puesto en evidencia algunas dificultades y ciertos límites que vive la Unión Europea. Desgraciadamente Europa, así como fue concebida por los ‘padres constituyentes’ al final del segundo conflicto mundial, no puede ser reducida a una institución esclusivamente económico financiera o en la que, para decirlo mejor, el aspecto económico es preminente sobre los demás. Es más, compartir los recursos (inicialmente con la Ceca, Comunidad económica del carbón y del acero) en un espíritu solidario, fue al inicio la premisa irrenunciable para alejar nuevos conflictos. La economía, a pesar de ser importante, debe convivir con otros valores culturales, políticos y éticos también determinantes para el crecimiento de la sociedad europea.


Irak se está dirigiendo hacia una situación de mayores tensiones entre los kurdos, los chiitas y sunitas. Lo que queda del Estado nacional iraquí, que surgió hace un siglo desde las cenizas del imperio otomano, conforman tres vastos territorios (al sur, al noreste y al oeste) dominados por poderes político-militares que reivindican legitimidad según la pertenencia tribal, confesional y nacionalista. Y que, en diferentes medidas, reciben apoyo de las potencias regionales e internacionales, que solo se interesan en la repartición del «pastel energético» iraquí. Y el Estado Islámico es solo uno entre todos los actores que luchan por el poder. ¿Cuál es el papel que podría tener la comunidad internacional?


Ustedes señalan uno de los posibles escenarios para el futuro de Irak, del que hablan algunos analistas políticos, y que probablemente también interesa a diferentes actores nacionales y de otros países. Sin embargo, según la Santa Sede, las cosas no deberían estar como están, y la vía necesaria es la de una mayor colaboración, que incluya a todos los grupos en la construcción de la sociedad por el bien del país. Creo que también las autoridades iraquíes desean que no aumenten las tensiones entre kurdos, chiitas y sunitas, y que exista una mayor participación de todos en la solución de los desafíos que debe afrontar el país, sobre todo los desafíos provocados por el llamado Estado Islámico. La formación del gobierno de unidad va en esa dirección, así como los llamados del Primer ministro y de otras autoridades no solo civiles, sino también religiosas. La comunidad internacional puede apoyar al país de diferentes maneras, antes que nada con la asistencia humanitaria, sobre todo para socorrer a los millones de desplazados y de refugiados, víctimas del conflicto. Y luego, contrarrestando el peligro terrorista del llamado Estado Islámico, al que no se debe reconocer ninguna reivindicación territorial o carácter estatal, así como ni siquiera la pretensión de presentarse como una verdadera representación del Islam. La comunidad internacional también puede favorecer el progreso político del país, en el sentido indicado de la participación y de la inclusión de todos los grupos en la vida política, con el refuerzo de las instituciones propias de un Estado de derecho, que tenga como punto de referencia la dignidad de cada persona y el bien de todos como horizonte.

 

Papa Francisco se reunió con el líder ruso Putin en el momento de mayor aislamiento internacional de Rusia. ¿Moscú puede tener un papel en la estabilización del Mediterráneo?

 

El Santo Padre siempre está abierto al encuentro con los líderes de Estado y de gobierno que piden una audiencia con él. Como se sabe, la entrevista con el presidente de la Federación rusa, Vladimir Putin, que se llevó a cabo durante su visita oficial en el Vaticano el 10 de junio pasado, fue principalmente sobre el conflicto en Ucrania y sobre la situación en el Medio Oriente. El Papa subrayó la necesidad de un gran esfuerzo para llevar a cabo la paz en Ucrania y la urgencia de perseguir la paz en los conflictos del Medio Oriente, involucrando concretamente a la comunidad internacional. Rusia es un actor internacional de evidente relieve y creo que todos necesitamos caminar juntos, no divididos ni, mucho menos, los unos con los otros, sino en el interés común de mejorar el mundo de hoy. La Federación rusa puede jugar un papel en la estabilización del Mediterráneo, así como lo jugó para que se alcanzara el reciente acuerdo nuclear con Irán.

 

Con el «Syria day» en 2013, la Santa Sede detuvo efectivamente el aumento de la tensión militar en Siria. En un contexto geopolítico que ha cambiado profundamente, ¿se trata de volver a proponer, como método, las «políticas del diálogo» que caracterizó la diplomacia vaticana durante la Guerra Fría?


La jornada de oración y de ayuno por la paz en Siria y en el Medio Oriente, que tuvo una gran acogida, era fundamentalmente una iniciativa de oración. Pero ella ayudó a la manifestación del deseo de paz por parte de muchas personas y contribuyó para evitar que se extendiera el conflicto en un momento en el que parecía inminente la intervención militar. Creo recordar, en este contexto, también la iniciativa de oración por la paz del Santo Padre con los presidentes israelí y palestino y con el Patriarca Bartolomeo, del 8 de junio del año pasado. En aquella ocasión, Papa Francisco subrayó la importancia de ver al otro como a un hermano y no como un adversario o un enemigo, e invitó a derribar los muros de la enemistad para recorrer la vía del diálogo y de la paz. El Santo Padre añadió que para hacer la paz se necesita mucho más valentía que para hacer la guerra. Se necesita valentía para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a las hostilidades; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doble cara. Son estos los valores que trata de promover la ‘diplomacia vaticana’, exhortando a todos, a diferentes niveles (desde los Jefes de estado hasta los simples fieles, pasando por los hombres de buena voluntad), a ser artesanos de la paz, tomando, con paciente perseverancia, decisiones de diálogo y de reconciliación y gestos concretos para construir la paz.

 

El «deshielo» entre los Estados Unidos y Cuba parece deberle mucho, según admitieron Obama y Castro, a Papa Francisco. Aunque el mismo Pontífice, dialogando con los periodistas, dijo que en realidad todo se dio gracias al deseo de ambas partes. ¿El modelo de reconciliación entre Estados Unidos y Cuba puede ser también aplicable a otras controversias del planeta?

 

La Iglesia, fiel a la misión recibida del Señor, se compromete por la paz y la reconciliación entre los pueblos. En particular, se puede constatar que, a partir de la Segunda Guerra Mundial, ha acompañado diferentes procesos de transformación de los sistemas políticos y económicos, contribuyendo también a la creación de un clima de mayor colaboración entre las naciones. Al mismo tiempo, la Santa Sede ha tratado de favorecer el desarrollo de las relaciones internacionales con modelos que pongan mayor atención en las exigencias fundamentales de la justicia y de la paz. También hoy, a la luz del Concilio Vaticano II, la Iglesia católica desea ofrecer a la humanidad una cooperación sincera, para instaurar esa fraternidad universal que corresponde completamente a la vocación humana (Cfr. ‘Gaudium et Spes’, 3). Por lo tanto, como nos exhortó San Juan Pablo II, al comienzo del tercer milenio, debe contribuir a construir una auténtica «Civilización del Amor». Es por ello que la Santa Sede no ahorrará ningún esfuerzo para favorecer la reconciliación y el encuentro entre los pueblos.(VATICAN INSIDER)