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Papa sobre el genocidio armenio: źNegarlo es dejar que la herida sangre╗
12 - 04 - 2015 - HISTORIA - Contemporanea

Al recordar los 100 años de la masacre cometida por el Imperio Otomano contra el pueblo armenio, Francisco usó la palabra tabú del “genocidio” y fue más allá, comparó aquellos acontecimientos con el Holocausto.

"El primer genocidio del siglo XX". Finalmente el Papa utilizó la palabra tabú. Al celebrar una misa solemne, por el centenario de la masacre sufrida por el pueblo armenio a manos del Imperio Otomano, Francisco calificó aquellos hechos como un “desquiciado exterminio”. Lo comparó con el Holocausto y advirtió que “esconder o negar el mal es como dejar que una herida continúe sangrando sin medicarla”.

Antes de comenzar la eucaristía, en la Basílica de San Pedro, el pontífice pronunció un mensaje que dedicó a recordar la matanza de 1915 contra más de un millón y medio de personas, en su mayoría cristianos, a manos de los turcos. Y, para usar el término “genocidio” (tan incómodo y hostilizado por la política diplomática de Ankara) apeló a la estrategia de citar la declaración conjunta firmada en 2001 por Juan Pablo II y el patriarca armenio Karekin II.

“Nuestra humanidad ha vivido, en el siglo pasado, tres grandes tragedias inauditas: La primera, aquella que generalmente es considerada el primer genocidio del siglo XX; esta ha golpeado a vuestro pueblo armenio –primer nación cristiana-, junto a los sirios católicos y ortodoxos, los asirios, los caldeos y los griegos”, señaló.

Recordó que en la península de Anatolia un siglo atrás fueron asesinados obispos, sacerdotes, religiosos, mujeres, hombres, ancianos e incluso niños y enfermos indefensos. Y estableció que los otros dos genocidios, como el armenio, “fueron perpetrados por el nazismo y el estalinismo”. Aún más, paragonó los hechos de 1915 con los “más recientemente otros exterminios de masa, como los de Camboya, Ruanda, Burundi, Bosnia”.

“Aún así parece que la humanidad no logra cesar de derramar sangre inocente. Parece que el entusiasmo surgido al final de la Segunda Guerra Mundial está desapareciendo y disolviéndose. Parece que la familia humana rechaza aprender de los propios errores causados por la ley de terror, y así, aún hoy, existe quien busca eliminar a los propios similares, con la ayuda de algunos y con el silencio cómplice de otros que permanecen como espectadores. No hemos aprendido que la guerra es una locura, una inútil tragedia”, lamentó.

A los “queridos hermanos armenios” les dijo que este día se recuerda, “con el corazón traspasado por el dolor, pero lleno de la esperanza del señor resucitado”, el centenario de “aquel trágico evento, de aquel desmesurado y loco exterminio”, que sus antepasados padecieron “cruelmente”.

“Recordarlo es necesario, aún más, es un deber porque allí donde no subsiste la memoria significa que el mal tiene aún abierta la herida; ¡esconder o negar el mal es como dejar que una herida continúe sangrando sin medicarla!”, insistió, haciendo indirecta referencia a la histórica política turca de minimizar los acontecimientos y protestar enérgicamente cada vez que alguien, a nivel internacional, emplea el adjetivo “genocidio”.

En la misa estuvieron presentes el presidente armenio Ser× Sargsyan; Karekin II, Supremo Patriarca y Catholicos de todos los Armenios; Aram I, Catholicos de la Gran Casa de Cilicia y a Nerses Bedros XIX, Patriarca de Cilicia de los Armenios Católicos. A ellos el Papa les agradeció.

Al principio de su alocución, explicó que en muchas ocasiones él ha definido el tiempo actual como “tiempo de guerra, una tercera guerra mundial por partes”, en el cual se asiste cotidianamente a “crímenes feroces, a masacres sanguinarias y a la locura de la destrucción”.

Lamentó que también actualmente se sienta el “grito sofocado y desoído” de tantos hermanos y hermanas inermes que, a causa de su fe en Cristo y de su pertenencia étnica, “son públicamente y atrozmente asesinados –decapitados, crucificados, quemados vivos- o son obligados a abandonar su tierra”.

“También hoy estamos viviendo una suerte de genocidio causado por la indiferencia general y colectiva, por el silencio cómplice de Caín que exclama: ¿A mi que me importa? Soy yo quizás el custodio de mi hermano”, exclamó.

Y abundó: “Con la firme certeza de que el mal no proviene jamás de Dios, profesamos que la crueldad no puede ser nunca atribuida a la obra de Dios y, aún más, no debe absolutamente encontrar en su santo nombre justificación alguna. ¡Vivamos juntos esta celebración fijando nuestra mirada sobre Jesucristo resucitado, vencedor de la muerte y del mal!”.

Con este mensaje de introducción, el Papa optó por separar el mensaje más político-histórico de su predicación en la homilía de la misa, que ocupó en una reflexión bíblica sobre el sentido del mal y su influencia en el corazón del hombre.(VATICAN INSIDER) 


martes 19 de

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