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Vaticano: Cumbre condena atrocidades del califato islámico
05 - 10 - 2014 - VATICANO - Organismos

La cumbre tres días sobre Oriente Medio que convocó el papa Francisco, concluyó ayer en el Vaticano con comunicado en el que se denuncia el tráfico de armas, de personas y se pide asistencia humanitaria. Se denuncian también las tropelías inhumanas del Califato y reiteran que es lícito detener al agresor respetando el derecho humanitario y en coalición multilateral.

Aunque es necesario no pensar a resolver el problema solamente con las armas, por lo que es necesario resolver los problemas que son manipulados por la ideología fundamentalista. Invita a los líderes religiosos, cristianos y musulmanes a promover el diálogo. Y concluye recordando que los desplazados tienen derecho a volver a sus lugares de origen. Recuerda además que los cristianos se caracterizan como mediadores de paz, reconciliación y progreso.

Con el tema “La presencia de los cristianos en Oriente Medio”, a la misma participaron los nuncios en dicha región, los observadores permanentes ante las Naciones Unidas en Nueva York y Ginebra, el nuncio ante la Unión Europea y los superiores de la Secretaría de Estado y de los dicasterios de la Curia Romana directamente relacionados.

En un comunicado final difundido este sábado por la Oficina de prensa de la Santa Sede, han invitado a no acostumbrase a la violencia de la región, y reafirmaron la necesidad de hacer todo lo posible para ayudar a las personas que están sufriendo. Denunciaron además, las violaciones de las normas básicas del derecho humanitario internacional, en particular por lo que se refiere a las mujeres y a los niños.

En la declaración se precisa que “sin escrúpulos sigue el tráfico de armas” y aún peor “las personas son objeto de comercio”. Además han indicado la necesidad que se garantice a todos, sin discriminación, la debida asistencia humanitaria.

Indicaron la “grave preocupación que despierta lo operado por algunos grupos extremistas del llamado 'Estado islámico', cuyos abusos y violencias no pueden dejar indiferentes".

“No es posible --prosigue el comunicado-- callar, ni la comunidad internacional puede quedarse inerte delante a la masacre de personas por causa solo de su pertenencia religiosa o étnica, delante de las personas crucificadas en las plazas públicas, delante del éxodo de miles de personas, y a la destrucción de los lugares de culto”.

Los participantes reiteraron que “es lícito detener al agresor injusto, siempre en el respeto del derecho internacional”. Precisaron entretanto que “no se puede confiar la solución del problema solamente a la respuesta militar, sino que la cuestión va enfrentada de manera más profunda a partir de las causas que están en el origen y son explotadas por la ideología fundamentalista”.

Indicaron también que “un rol importante deberían realizarlos los líderes religiosos, cristianos y musulmanes, colaborando para favorecer el diálogo” así como “la educación a la recíproca comprensión” y además “denunciando claramente la instrumentalización de la religión para justificar la violencia”.

Reiteraron que “delante del drama de tantas personas que fueron obligadas a dejar sus casas de manera brutal” es necesario “que sea reconocido el derecho de los cristianos y de los otros grupos étnicos y religiosos, a permanecer en sus tierras de origen”. Añadieron que “quienes fueron obligados a emigrar tienen el derecho de volver en condiciones de adecuada seguridad, con la posibilidad de vivir y trabajar en libertad y con perspectivas para el futuro”.

Los participantes a la cumbre indican que todo esto implica el empeño sea de los Gobiernos interesados que de la comunidad internacional, porque están en juego “principios fundamentales como el valor de la vida, la dignidad humana, la libertad religiosa, y la convivencia pacífica y armoniosa entre las personas y los pueblos”.

El comunicado concluye indicando que “no es posible resignarse a un Oriente Medio sin los cristianos, que desde hace dos mil años confiesan el nombre de Jesús” y recuerda que ellos contribuyen al bien de la sociedad, en la que se encuentran insertados plenamente, y en la cual tienen un rol fundamental como operadores de paz, de reconciliación y de desarrollo.(ZENIT )