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Tolkien y Lewis acercan los niņos a Dios
23 - 02 - 2014 - CULTURA - Grandes Personajes

Michael Ward, experto en el escritor C.S. Lewis, está convencido de que las historias al alcance de los niños son el tipo de literatura más importante. Cuando un joven pasa la primera página de un libro, no sólo está abriendo una puerta a otro mundo. Muchas veces, encuentra en él un compañero de camino que puede, incluso, acercarle a Dios. Es el caso de varios de los expertos que participarán, la semana que viene, en el congreso sobre Lewis y J.R.R. Tolkien que organiza la Universidad CEU San Pablo, de Madrid

Stratford Caldecott pertenece a la primera generación de niños ingleses que leyó El Señor de los anillos, en los años 60. La empresa de su padre publicó una de las primeras ediciones, y él aún conserva esos tomos, desgastados tras muchas lecturas. «Me han fascinado hasta ahora. También disfrutaba de las historias de Narnia, de C.S. Lewis, de los cuentos del rey Arturo y de otros mitos y leyendas». Tras un largo proceso espiritual desde la Nueva Era que cautivó a sus padres, pasando por la religión bahai, el budismo y el sufismo, Caldecott entró en la Iglesia católica a los 27 años. «Leer a Tolkien fue parte de mi largo camino», como las otras lecturas infantiles. «Ninguna fue decisiva, pero me ayudaron a caminar con la imaginación hacia un universo cristiano: un mundo en el que el amor y el bien reinan de forma soberana. También un mundo en el que pueden ocurrir cosas mágicas, no regido totalmente por la ciencia. Todo ello preparó el suelo de mi alma para recibir las semillas de Evangelio».

Desde su conversión, Tolkien le ha seguido ayudando en la vida cristiana, en su esfuerzo por la evangelización de la cultura, e incluso ahora que se enfrenta a un cáncer avanzado. «Su fe brilla en sus novelas y también en sus cartas, y ambas me parecen enormemente alentadoras e inspiradoras».

No es el único: la obra de Tolkien ha sido una vía de evangelización para «otras personas que conozco». Pero -matiza-, «en primer lugar, se deberían leer para disfrutar», pues el presentarlos de entrada como obras cristianas puede generar rechazo.

Literatura y teología
La historia de Caldecott guarda cierto paralelismo con la de su compatriota Michael Ward. De pequeño, sus padres le leían Las crónicas de Narnia. Al crecer, estas historias le siguieron gustando, «y me parecía interesante el hecho de que tuvieran un simbolismo cristiano. Mis dos intereses principales han sido siempre la literatura inglesa y la teología, y Lewis los combina mejor que ningún otro escritor que conozca». Por eso, en su carrera se ha dedicado a ambas. Fue ordenado pastor anglicano en 2005, a los 37 años. En 2012, fue admitido en la Iglesia católica. También en ese camino le acompañó Lewis, converso del agnosticismo a la rama anglicana más cercana al catolicismo. «Las propias tendencias católicas de Lewis -la Confesión, una visión elevada del sacerdocio y la Eucaristía, la creencia en el purgatorio, etc.-», y su amistad con autores católicos o próximos al catolicismo como Tolkien, Charles Williams y Dorothy Sayers, «me ayudaron a mirar en dirección a la Iglesia católica más de lo que lo habría hecho de otro modo». Hoy, le siguen ayudando «la habilidad de Lewis para considerar la fe tanto desde un punto de vista artístico como filosófico, esta combinación de razón e imaginación; y su sinceridad al tratar temas difíciles», como la muerte de su mujer, en Una pena en observación.

Lewis, Juan Pablo II y el amor
Fuera de Inglaterra, en Finlandia, Jason Lepojärvi no creció «como un narniano». No leyó a Lewis hasta los 19 años, cuando descubrió El problema del dolor. «Al principio, me interesaba mucho su apologética. Jugó un papel importante en mi conversión adulta al cristianismo». Luego, su interés se trasladó a los escritos de Lewis sobre el amor, sobre todo Los cuatro amores. Al descubrir este libro, escribió a su novia «explicándole lo impresionado que estaba, y bromeando con que algún día yo sería el doctor Amor. Pueden imaginarse cómo me sentí diez años después, al encontrar esa frase justo cuando estaba haciendo el doctorado sobre el amor en Lewis», y después de haber escrito sobre la teología del cuerpo de Juan Pablo II.

Caldecott, Ward y Lepojärvi son algunos de los expertos que participarán, el lunes y martes próximo, en el congreso sobre Lewis y Tolkien que organiza la Universidad CEU San Pablo en Madrid. Sus propios testimonios demuestran que, en palabras de Ward, las «historias populares y al alcance de los niños pueden reivindicarse como el tipo de literatura imaginativa más importante que hay».(María Martínez López-Alfa y Omega)