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El cardenal Zen alerta del “asesinato de la Iglesia en China”
08 - 01 - 2020 - IGLESIA - Asia

El cardenal Zen envió una carta a todos los cardenales del mundo, en la que expone el problema del acuerdo secreto entre el Vaticano y el Partido Comunista de China. (Fuente: Infovaticana)

Esta cuestión, dice el cardenal chino, “no sólo concierne a la Iglesia en China, sino a toda la Iglesia. Y nosotros, los cardenales, tenemos la inmensa responsabilidad de ayudar al Santo Padre en la guía de la Iglesia”.

InfoVaticana ha tenido acceso a la misiva, que a continuación ofrecemos. La carta tiene como anexos las Dubia del cardenal Zen, publicadas en julio, y las directrices que publicó en junio la Santa Sede:

Eminencia,

Le pido disculpas por las molestias que esta carta le pueda causar; pero en conciencia creo que el problema que abordo no sólo concierne a la Iglesia en China, sino a toda la Iglesia. Y nosotros, los cardenales, tenemos la inmensa responsabilidad de ayudar al Santo Padre en la guía de la Iglesia.

Pues bien, desde mi análisis del Documento de la Santa Sede (28/6/19) “Orientamenti pastorali circa la registrazione civile del Clero in Cina”, está bastante claro que el mismo empuja a los fieles en China a entrar en una Iglesia cismática (independiente del Papa y a las ordenes del Partido comunista).

El día 1 de julio presenté mis “dubia” al Papa. Su Santidad me prometió el 3 de julio interesarse en ello, pero a día de hoy todavía no he sabido nada.

El cardenal Parolin dice que cuando hoy hablamos de la Iglesia independiente no hay que entender esta independencia como absoluta, porque el acuerdo reconoce el papel del Papa en la Iglesia Católica.

En primer lugar, no puedo creer que exista esta afirmación en el acuerdo si no lo veo (entre otras cosas, ¿por qué este acuerdo debe mantenerse secreto y no puedo verlo ni yo, un cardenal chino?); pero, lo que es aún más evidente, toda la realidad después de la firma del acuerdo demuestra que nada ha cambiado, al contrario…

El cardenal Parolin cita una frase de la carta del papa Benedicto sacándola totalmente fuera de contexto; es más, es diametralmente opuesta a todo el párrafo.

Esta manipulación del pensamiento del papa emérito es una grave falta de respeto; o, mejor dicho, es un deplorable insulto a la persona del papa manso y gentil, que aún vive.

También me repugna que a menudo declaren que lo que están haciendo es en continuidad con el pensamiento del papa anterior, cuando es verdad lo contrario. Poseo fundamentos para creer (y espero un día poder demostrarlo con documentos de archivo) que el acuerdo firmado es el mismo que el papa Benedicto, en su día, se negó a firmar.

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Querida Eminencia, ¿podemos presenciar pasivamente este asesinato de la Iglesia en China por quienes deberían protegerla y defenderla de los enemigos?

Le suplica, de rodillas, su hermano

Cardenal Joseph ZEN, S.D.B.

“Dubia” del cardenal Zen sobre sobre las orientaciones pastorales de la Santa Sede con respecto al registro civil del clero en China

(actualizado al 8 de julio de 2019)


Ante todo, parece extraño que la “Santa Sede” emita un documento tan sumamente importante sin especificar de qué dicasterio procede y sin añadir la firma de la autoridad responsable.


En los párrafos 1 y 2, el documento expone el problema y la línea general de solución.


1. El problema es que el gobierno niega sus promesas de respetar la doctrina católica y, en el registro civil del clero, casi siempre requiere aceptar el principio de independencia, autonomía y autoadministración de la Iglesia en China (se debería completar con lo que la carta del papa Benedicto XVI dice en el punto 7, 8: “… adoptar actitudes, hacer gestos y asumir compromisos que son contrarios a los dictados de su conciencia como católicos”).


2. Ante la compleja situación que no siempre es la misma en todas partes, la Santa Sede ofrece una línea general de cómo actuar:


por una parte, no pretende forzar las conciencias y pide, por tanto, (omitiendo decir explícitamente “al gobierno”) que se respete la conciencia católica;


por otra parte, plantea como principio general que “la clandestinidad no forma parte de la normalidad de la vida de la Iglesia” (carta del Papa Benedicto 8.10), es decir, es normal salirse de ella.


Con respecto a la cita de la carta del papa Benedicto XVI en el punto 8.10, me permito transcribir casi todo el párrafo:

(a) “Algunos de ellos [obispos], al no querer someterse a un control indebido sobre la vida de la Iglesia, y deseosos de mantener su plena fidelidad al Sucesor de Pedro y a la doctrina católica, se han visto obligados a ser consagrados clandestinamente”;

(b) “La clandestinidad no forma parte de la normalidad de la vida de la Iglesia”;

(c) “La historia demuestra que pastores y fieles recurren a ella [a la clandestinidad] sólo en el sufrido deseo de mantener íntegra la propia fe”;

(d) “No aceptar injerencias de organismos estatales en lo que afecta a lo íntimo de la vida de la Iglesia”.

Al padre Jeroom Heyndrickx y al cardenal Parolin les gusta citar sólo la parte (b); el papa Francisco (en su mensaje del 26 de septiembre de 2018) añadió también la parte (c); pero a mí me parece que también son importantes las partes (a) y (d).

El apartado demuestra claramente que la falta de normalidad no es una elección de los clandestinos, sino que la elección es inevitable. ¡Lo que es anormal es la situación! ¿Ha cambiado hoy esta situación?

3. El largo párrafo 3 trata de probar que está justificado lo que se sugiere en el párrafo 5.

Primera prueba: la Constitución garantiza la libertad religiosa.

Pregunto: Pero ¿qué nos dice la larga historia de persecución, a pesar de la Constitución?

Segunda prueba: Tras el Acuerdo, es “lógico” que la independencia ya no se entienda como independencia absoluta, sino sólo en el ámbito político.

Ante todo, si no veo el texto del Acuerdo, me resulta difícil creer que hayan reconocido realmente el “papel peculiar del sucesor de Pedro”.

Además, pregunto: ¿Hay algo lógico en los sistemas totalitarios? La única lógica es, según decía Deng Xiaoping, que “un gato blanco es igual que uno negro”, siempre que sirva para los fines del Partido.

Inmediatamente después del Acuerdo nada ha cambiado en la política religiosa del partido, todo se ha reafirmado oficialmente y los hechos lo demuestran.

Tercera prueba: El contexto del diálogo “consolidado”.

Pregunto: ¿Pero el documento no reconoce que el Gobierno ha renegado de sus promesas, como se afirma tanto en el primer párrafo como en el apartado nueve de este documento?

Cuarta prueba: Todos los obispos están legitimados.

Esto sólo demuestra la infinita generosidad del papa o, quizás, la omnipotente presión del gobierno, pero en los perdonados y “premiados” no vemos ningún cambio, ningún signo de arrepentimiento, sino claros actos de un triunfo intrépido, mientras se ríen de aquellos que apostaron por el caballo equivocado.

4. El apartado 4 dice que las razones antes mencionadas justifican una actitud nueva. Por lo menos, aquí se afirma honestamente que lo que se propone es una novedad, y que no es por tanto una continuación del pasado, sino que se niega el pasado como ya pasado, es decir, como ya no válido.

También se dice que la Santa Sede está buscando una fórmula para ponerse de acuerdo con el gobierno (y matar dos pájaros de un tiro).

Pero nos preguntamos: ¿”Una fórmula”? Lo que el gobierno pide no es una declaración de una teoría: es todo un sistema, un régimen en el que ya no habrá libertad pastoral, y en el que se seguirán las órdenes del Partido, incluida la prohibición a los menores de 18 años de participar en cualquier actividad religiosa.

5. En el párrafo 5 están las verdaderas orientaciones pastorales. En resumen: que se firme todo lo que pide el gobierno, posiblemente con una aclaración escrita que niega después lo que se firma. Si la aclaración escrita no es posible, hágase verbalmente, con un testigo o sin él. Basta que exista la intención de no haber aceptado en conciencia lo que de hecho se ha firmado.

Se firma un texto contra la fe y se declara que la intención es favorecer el bien de la comunidad, una evangelización más adecuada, la gestión responsable de los bienes de la Iglesia.

Esta norma general es, por supuesto, contraria a todo principio de moralidad. Si aceptada, justificaría la apostasía.

6. En el párrafo 6 se dice que la Santa Sede comprende y respeta a quien, en conciencia, no acepta la regla expuesta anteriormente.

Evidentemente, esto es compasión hacia una minoría “obstinada” que todavía no consigue entender la nueva regla. Su actitud es errónea, pero la Santa Sede la tolera de manera “provisional”.

7. El apartado 7 habla de ciertos deberes de los obispos, citando un documento que no tiene nada que ver con nuestra cuestión.

8. En el apartado 8 se dice que los fieles acogen la decisión de sus pastores. ¿Qué quiere decir eso? ¿Que no tienen la libertad individual de elegir? ¿Y su conciencia no debe ser respetada?

[A los hermanos que me preguntan qué hacer, siempre les doy esta respuesta: que respeten las elecciones de los demás y permanezcan firmes en la convicción de su propia conciencia. Esto se debe a que no tengo autoridad para juzgar a los demás sobre lo que está bien o mal.

Pero la Santa Sede ¿acaso no tiene la autoridad y, por tanto, el deber de aclarar a los miembros de la Iglesia lo que es justo y lo que no? ¿Lo hizo con estas “Orientaciones”? ¿Hay que alentar el abandono de la clandestinidad y tolerar el permanecer en ella? ¿Los obispos y los sacerdotes pueden elegir y los fieles no?

9. En el apartado 9 se dice que la Santa Sede, mientras tanto, pide (y de nuevo omite la expresión “al gobierno”) que no se ejerzan presiones intimidatorias contra las comunidades católicas no oficiales, como ya ha ocurrido.

(El no mencionar la palabra “gobierno” es casi como la tradicional reverencia de no mencionar el nombre del emperador.)

Por último, se recomienda a todos discernir la voluntad de Dios con “paciencia y humildad”. Pero me pregunto: ¿dónde ha ido a parar la firmeza en la fe?

Después se dice que “el camino presente, a pesar de las dificultades, está también marcado por muchas esperanzas”. Me parece, en cambio, que los hechos destruyen todo fundamento de esperanza humana. En cuanto a la esperanza en Dios, esta nunca puede ir separada de la sincera voluntad de querer sufrir también según Su voluntad.

Conclusión

Este documento ha invertido de manera radical lo que es normal y lo que es anormal, lo que es necesario y lo que se debe tolerar.

Puede que la esperanza de sus redactores sea que la minoría compadecida muera de muerte natural. Con esta minoría me refiero no sólo a los sacerdotes clandestinos (a los que desde hace tiempo no se les proporcionan obispos cuando los ancianos mueren, y tampoco ya delegados, porque el obispo oficial de la diócesis ya es legítimo), sino también a muchos hermanos de la comunidad oficial que, con gran tenacidad, han trabajado por un cambio, confiando en ser sostenidos por la Santa Sede, siendo en cambio empujados a aceptar la sumisión al gobierno, ridiculizados por los vencedores oportunistas.

Que el Señor no permita el cumplimiento de estos deseos, de quienes quieren la muerte de la verdadera fe en mi querida patria. Señor, ¡ten piedad!

Directrices pastorales de la Santa Sede sobre el registro civil del Clero en China, 28/06/2019

Desde hace tiempo llegan a la Santa Sede, por parte de obispos de la China continental, peticiones sobre la actitud que tienen que adoptar ante la obligación de presentar una solicitud de registro civil. A este respecto, como es sabido, muchos pastores siguen profundamente perplejos porque la modalidad de tal registro -obligatoria según los nuevos reglamentos sobre actividades religiosas, so pena de imposibilidad de actuar pastoralmente- implica, casi siempre, la firma de un documento en el que, a pesar del compromiso asumido por las autoridades chinas de respetar también la doctrina católica, debe declararse la aceptación, entre otras cosas, del principio de independencia, autonomía y autoadministración de la Iglesia en China.

La complejidad de la realidad de China y el hecho de que en el país no parece existir una única práctica de aplicación de los reglamentos relativos a los asuntos religiosos, hacen especialmente difícil pronunciarse al respecto. La Santa Sede, por un lado, no quiere forzar la conciencia de nadie. Y, por el otro, considera que la experiencia de la clandestinidad no forma parte de la normalidad de la vida de la Iglesia, y que la historia ha demostrado que pastores y fieles sólo recurren a ella con el sufrido deseo de mantener íntegra su fe (cf. n. 8 de la carta de Benedicto XVI a los católicos chinos del 27 de mayo de 2007). Por eso, la Santa Sede sigue pidiendo que el registro civil del clero se realice con la garantía de respetar la conciencia y las profundas convicciones católicas de las personas implicadas. Sólo así, de hecho, es posible favorecer tanto la unidad de la Iglesia como la contribución de los católicos al bien de la sociedad china.

Por lo que se refiere a la valoración de la posible declaración que debe firmarse en el momento del registro, en primer lugar es necesario tener presente que la Constitución de la República Popular China declara formalmente proteger la libertad religiosa (art. 36). En segundo lugar, el Acuerdo Provisional de 22 de septiembre de 2018, reconociendo el papel peculiar del Sucesor de Pedro, lleva lógicamente a la Santa Sede a entender e interpretar la «independencia» de la Iglesia católica en China no en sentido absoluto, es decir, como separación del Papa y de la Iglesia universal, sino concerniente a la esfera política, según lo que sucede en todas las partes del mundo en las relaciones entre el Papa y una Iglesia concreta o entre Iglesias concretas. Por lo demás, afirmar que en la identidad católica no puede haber separación del Sucesor de Pedro, no significa querer hacer de una Iglesia específica un cuerpo ajeno a la sociedad y a la cultura del país en el que vive y actúa. En tercer lugar, el contexto actual de las relaciones entre China y la Santa Sede, caracterizado por un diálogo consolidado entre las dos partes, es diferente del que vio nacer a los organismos patrióticos en los años cincuenta del siglo pasado. En cuarto lugar, hay que añadir el hecho de gran importancia que, a lo largo de los años, muchos obispos ordenados sin el mandato apostólico han pedido y obtenido la reconciliación con el Sucesor de Pedro, así que todos los obispos chinos están hoy en comunión con la Sede Apostólica y desean una integración cada vez mayor con los obispos católicos del mundo entero.

Ante estos hechos, es legítimo esperar una nueva actitud por parte de todos, incluso al afrontar cuestiones prácticas relativas a la vida de la Iglesia. Por su parte, la Santa Sede sigue dialogando con las autoridades chinas sobre el registro civil de obispos y sacerdotes para encontrar una fórmula que, en el acto del registro, respete no sólo las leyes chinas, sino también la doctrina católica.

Mientras tanto, a la luz de lo anterior, si un obispo o un sacerdote decide registrarse civilmente, pero el texto de la declaración para el registro no es respetuoso de la fe católica, el mismo especificará por escrito en el momento de la firma que lo hace sin faltar a la debida fidelidad a los principios de la doctrina católica. Si no es posible hacer esta aclaración por escrito, el solicitante la hará verbalmente y, si es posible, en presencia de un testigo. En cualquier caso, es oportuno que el solicitante certifique después a su propio ordinario la intención con la que se registró. En efecto, esta debe entenderse siempre con el único fin de favorecer el bien de la comunidad diocesana y su crecimiento en el espíritu de unidad, así comouna evangelización adaptada a las nuevas exigencias de la sociedad china y la gestión responsable de los bienes de la Iglesia.

Al mismo tiempo, la Santa Sede comprende y respeta la elección de quien, en conciencia, decide no inscribirse en las actuales condiciones. Esta permanece a su lado y pide al Señor que les ayude a custodiar la comunión con sus hermanos en la fe, incluso ante las pruebas que cada uno tendrá que afrontar.

El obispo, por su parte, “nutra y manifieste públicamente su confianza en los presbíteros, demostrando lealtad y alabándoles si lo merecen; respete y haga respetar sus derechos defendiéndoles de críticas infundadas; dirima prontamente las controversias, para evitar que prolongadas inquietudes puedan nublar la caridad fraterna y dañar el ministerio pastoral” (Apostolorum Successores, Directorio para el ministerio pastoral de los obispos, 22 de febrero de 2004, n. 77).

Es importante, además, que incluso los fieles laicos no sólo comprendan la complejidad de la situación arriba mencionada, sino que también acojan con gran corazón la dolorosa decisión tomada por sus pastores, cualquiera que sea. Que la comunidad católica local los acompañe con espíritu de fe, con oración y con afecto, absteniéndose de juzgar las decisiones de los demás, custodiando el vínculo de la unidad y mostrando misericordia para con todos.

En todo caso, a la espera de poder llegar, a través de un diálogo franco y constructivo entre las dos partes, según lo acordado, a una modalidad de registro civil del clero más respetuosa de la doctrina católica y, por tanto, de la conciencia de las personas implicadas, la Santa Sede pide que no se ejerzan presiones intimidatorias contra las comunidades católicas «no oficiales», como desgraciadamente ya ha ocurrido.

Por último, la Santa Sede confía en que todos puedan acoger estas indicaciones pastorales como un instrumento para ayudar a quienes tienen que tomar decisiones no fáciles a cumplirlas con espíritu de fe y unidad. Todos –Santa Sede, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos– están llamados a discernir la voluntad de Dios con paciencia y humildad en este tramo del camino de la Iglesia en China, marcado por muchas esperanzas a pesar de las constantes dificultades.

Desde el Vaticano, a 28 de junio de 2019, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

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jueves 27 de

febrero de 2020

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