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Maradiaga y la nueva ConstituciĆ³n de la Curia
05 - 03 - 2019 - VATICANO - Organismos

El coordinador del consejo de cardenales que asesora al Papa, el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, asegura en una entrevista publicada en la revista Mensaje, que la famosa reforma de la Curia está ya finalizada, a falta de ser traducida. (Fuente: Infovaticana)

Aprovechando su visita a Madrid, donde ha celebrado una misa con el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de la capital española, el cardenal Rodríguez Maradiaga ha concedido una entrevista a Jesús Bastante, habitual de Religión Digital, en la que ha confesado que la nueva constitución de la Curia papal está ya terminada, y solo falta traducirla.

“La Constitución está ya hecha, estamos en etapa de traducción a las distintas lenguas, después vendrá una consulta a las conferencias episcopales, y posteriormente será la promulgación por parte del Papa”, afirma el arzobispo de Tegucigalpa.

No deja de ser curioso que Maradiaga lo anuncie así, en respuesta a una pregunta de una publicación muy respetable pero menor y como de pasada, cuando se trata de una de las primeras misiones que se propuso Francisco, una empresa que se considera urgente y necesaria desde hace décadas y para la que el Papa reinante creó el C9, hoy C6, un consejo de cardenales que le asesora en la reforma.

Como en el caso de las finanzas vaticanas -e íntimamente relacionada con ella-, la reforma en profundidad del gobierno de la Iglesia es una hazaña que se han propuesto en vano varios Papas, cada uno de los cuales ha puesto, al menos, su granito de arena. Pero, en sustancia, la inercia ha resultado en cada caso más poderosa que la buena voluntad de los pontífices.

Francisco se propuso ambas tareas, igual que anunció su intención de poner fin a los abusos sexuales por parte de clérigos y lograr una “Iglesia pobre para los pobres”. En las otras tres tareas, cuando van a cumplirse seis años de pontificado, sería innecesariamente optimista pretender que se ha logrado ni de lejos el objetivo. Las finanzas, puestas en las capaces manos de Pell, siguen tan opacas como estaban, el prefecto encarcelado tras un juicio de abusos infantiles más que cuestionables y la administración corriente puesta en las manos de monseñor Ricca.

La Iglesia no es menos rica, ni se ha tomado medida alguna para que lo sea, como puede dar fe el mantenimiento de la APSA, la ‘inmobiliaria’ vaticana, del modo habitual, y toda su nueva ‘pobreza’ queda en gestos efectistas que no cambian nada, aunque dan buenas fotos. En cuanto a los abusos, el sexto año de pontificado de Francisco ha abierto, con el caso McCarrick y, sobre todo, el Testimonio Viganò, una caja de los truenos que ha obligado a organizar la reciente cumbre en Roma, una montaña que ha parido un ratón: nada de nada.

Y, por lo que puede deducirse de las palabras de Maradiaga, tampoco esta reforma que se ha demorado tanto tiempo y ha dado tanto poder a unos pocos parece que vaya a cambiar radicalmente las cosas. “No esperemos cosas extraordinarias”, le advierte Maradiaga a Bastante en la entrevista. “Es mucha reforma en la Curia. Había muchos dicasterios que se han unificado, pero sobre todo es el espíritu de la Constitución. Antiguamente, se pensaba en una pirámide, con el Papa como un vértice, la Curia en la mitad y las conferencias episcopales abajo. Actualmente, se insiste en que la Curia no es un organismo de poder, sino de servicio, que sirve también a las conferencias episcopales, y habrá mucho más papel para los episcopados nacionales”.

Así que rebajen sus expectativas y esperen retoques cosméticos. El viejo poder va a seguir probablemente intacto y tan intratable y bizantino como hace un siglo. Pero con sinodalidad, naturalmente, mucha sinodalidad, probablemente del mismo tipo sobre el que se ha insistido en esta cumbre y que resultó misteriosamente ser el eje del sínodo de la juventud, y que no impidió a la Curia imponer a la plenaria de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, menos de 24 horas antes de su inicio, prohibirle que tratara el tema central de su agenda.