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Católicos chinos: "No podemos acallar la opresión que sufrimos por nuestra fe"
27 - 11 - 2018 - IGLESIA - Asia

La carta va dirigida a las autoridades del gobierno, reclamando la libertad religiosa, y también clamando a los fieles del mundo: «Ahora estamos sin cruz, sin la eucaristía en lugares precisos. (Fuente: Infocatolica)

Un grupo de fieles de la diócesis de Datong (Shanxi) ha difundido una carta abierta y firmada, en la cual se denuncia la creciente opresión que el gobierno está ejerciendo sobre la comunidad cristiana, tras haberse implementado la Nueva normativa sobre las actividades religiosas: cruces destruidas, encuentros cercenados y reducidos al mínimo, la imposibilidad de conseguir textos religiosos... En la carta solicitan ayuda para resolver los «dolorosos dilemas» en que se debaten. Entre éstos, plantea un interrogante al Vaticano, preguntando si quizás, en su deseo de entablar relaciones diplomáticas con China, no estarán a los cristianos perseguidos, convirtiéndolos en «chivos expiatorios».

Desde el año 2005, la diócesis de Datong está sin obispo. Mons. Tadeo Guo Yingong, que inició su ministerio pastoral en 1990, fue el último obispo en el cargo y falleció en el 2005. Mons. Guo pasó 10 años en los campos de trabajo forzado, durante la Revolución Cultural. Actualmente, según se informa en la «Guía de la Iglesia católica en China», hay 14 sacerdotes al servicio de la comunidad de fieles.

Carta abierta – Declaración común
Pensamos que todos estarán al tanto de los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. Dichos hechos están fuertemente enlazados con nuestra comunidad de creyentes. A causa de ello, no podemos permanecer sentados en silencio y despreocupados, y mucho menos podemos quedarnos de brazos cruzados.

El impulso de nuestra preocupación es en atención al valor de la libertad religiosa para nuestra fe: ésta es un derecho humano fundamental, que no puede ser violado, prohibido o eliminado.

Ciertamente, no estamos de acuerdo con muchas declaraciones y propuestas del gobierno, y tampoco las aceptamos; algunos de nosotros incluso se oponen a ellas. Pero no es posible que nos sea quitada nuestra libertad y nuestro derecho, por el mero hecho de tener un credo distinto. Como comunidad de creyentes, estamos incluso más preocupados por la libertad de expresión, dado que ésta es inseparable de la libertad de religión: no puede haber una, sin la otra.

Ahora estamos sometidos a vuestro control. La cruz de nuestra iglesia e incluso la iglesia misma han sido demolidas. La libertad de los fieles para reunirse ha sido limitada. La Iglesia se ve forzada a aceptar la guía del gobierno chino. Todas estas cosas nos preocupan y hacen que nos sintamos desdichados.

Como creyentes, sabemos que el futuro decide sobre el presente. Con esta carta abierta nuestra, que tiene la forma de una declaración común, esperamos que ustedes puedan respetar el derecho de la Iglesia, respetar a cada persona; éste es un nivel mínimo, que no puede ser eliminado.

Shanxi, diócesis de Datong.

(A continuación, hay ocho firmas)

Frente a un doloroso dilema
Desde que se procedió a la implementación de la Nueva normativa sobre actividades religiosas, el gobierno continúa planteando medidas restrictivas, prohibiendo, entre tantas cosas, adquirir biblias on-line. Nosotros preguntamos: ¿dónde podemos adquirir los libros religiosos que necesitamos? ¿A través de qué canales podemos obtenerlos?
El gobierno ya ha reforzado su control sobre nuestra diócesis, con una severa prohibición de llevar a cabo encuentros con un número de personas demasiado grande, obligando a celebrar la eucaristía en horarios preestablecidos: estas prohibiciones nos provocan tristeza. ¿Qué debemos hacer?
El gobierno chino está potenciando sus relaciones con el Vaticano: ¿acaso el Vaticano se rebajará a [sellar] compromisos? Para establecer las relaciones diplomáticas, ¿nos convertirá en chivos expiatorios?
Frente a estos nuevos pasos de opresión que el gobierno ha dado, ¿tendremos que mantenernos en silencio, como corderos mansos, o debemos expresar nuestra oposición?
Ahora estamos sin cruz, sin la eucaristía en lugares precisos: todo ello empuja a los fieles a perder la confianza y ya son muchos los que han abandonado. A futuro, será difícil que la Iglesia tenga algún progreso.